Acá soy la que se fue. Relatos sudakas en la europa fortaleza

Acá soy la que se fue. Relatos sudakas en la europa fortaleza

Isabel Gamero

Universidad Complutense de Madrid

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Reseña. Acá soy la que se fue. Relatos sudakas en la europa fortaleza

 

Caroline Betemps Bozzano y Lucía Egaña Rojas (eds.)

 

T.I.C.T.A.C. Ediciones, Barcelona, 2019 (267 páginas)

 

Caroline Betemps y Lucía Egaña, las editoras de este volumen colectivo, son creadoras e investigadoras latinoamericanas, que llevan ya casi la mitad de su vida en Europa. Nacidas en Brasil y Chile, respectivamente, ahora son habitantes del planeta y tras décadas de migraciones y vidas expandidas a lo largo de dos continentes, ya no tienen muy claro cuál es su lugar.

 

Se conocen de hace años, por el activismo, el arte y la academia, y un día se plantearon por qué en Europa no se escuchan voces como las suyas. Las personas migrantes ocupan las primeras planas en publicaciones en medios de comunicación en momentos críticos, son objeto de estudios sociológicos o antropológicos y suelen ser encasillados en una serie de estereotipos trillados/manidos/rancios y creados por los propios europeos (como el porteño conquistador de corazones, el mexicano que desayuna chiles o la colombiana que baila salsa mejor que nadie); pero es como si las migrantes no tuvieran voz propia para narrar su historia o ni siquiera una historia que narrar. Y esto es falso.

 

Para mostrar esta falsedad y solventar esta falta de un relato propio, Caroline y Lucía crearon una convocatoria pública que compartieron con sus redes, sus conocidas y con las editoras del real archivo sudaca, un blog donde migrantes comparten el racismo que han vivido en Europa, en el que ambas llevaban colaborando unos años. Preguntaron a todas ellas si querían participar en un proyecto colectivo para narrar sus vivencias de sudakas migrantes en el territorio que decidieron llamar la europa fortaleza. No había instrucciones ni formato predeterminado, solo ganas de compartir historias y de alzar la voz, para ser escuchadas.

 

Y recibieron más de un centenar de participaciones, de la más diversa índole que son las que componen y dan forma a Acá soy la que se fue (frase de Magdalena Piñeyro, una de las colaboradoras del libro). Este libro de cuidada edición se abre con el relato del primer viaje de avión de Lucrecia Masson (p. 25) y en él se pueden leer textos literarios y reflexivos, como el de la escritora venezolana de Caborca Lynch (“La migración es la puesta en escena de un drama. Quien migra […] ha perdido sus síntomas de antigüedad sobre la tierra. Y se instala en la simulación de lo real”, p. 198); pero también hay expresiones que desbordan los límites de lo textual, poemas desgarrados y desgarradores como los de María Basura (“Mestiza del coño sur/carne de un coño que expele verborreas/concebida por muerte y desgracia de la colonización...”, p. 171) y fanzines y collages, como los de Ce Quimera (p. 57). Además, en el libro se encuentran creaciones inspiradas (o desesperadas) por trámites de aduana y burocráticos (un Poema al NIE de Joyce Jandete, p. 222 y una catalogación de cuerpos humanos según su envoltorio y empaque, en el impactante texto: Caducada, podrida y otras degradaciones fértiles, de Klau Chinche, p. 47). También hay escritos nostálgicos al ritmo del bandoneón (como los viajes de Magdalena Piñeyro entre Canarias y Montevideo, p. 111) y ensayos bastardos y provocadores, como el Manifesto O Cul do Sul (El manifiesto del culo del sur, de Pêdra Costa, p. 186). Encontramos alguna postal del pasado, dudas sobre la posibilidad de escribir el texto que se está, de hecho, escribiendo en Notas para un libro aún sin nombre, de Helen Torres (p. 262) e incluso alguna autora tuvo que morderse los labios para no escribir verdades que pudieran perjudicarla a ella y su familia.

 

Y es que, más allá de las palabras, las vidas de quienes han escrito estos textos (en el sentido amplio del término) están en juego. Sus situaciones de vulnerabilidad y riesgo constante a ser expulsados están expuestas y a la luz, como una herida que sangra cada vez que se preguntan por qué este insistir en permanecer en un lugar donde constantemente te recuerdan que eres de fuera, que no perteneces, que por mucho que lo intentes, nunca lo serás.

 

Los temas tratados son amplios y diversos. No había delimitación temática en la propuesta de las editoras y el resultado es deslumbrante, en distintos idiomas (sobre todo español y portugués, con muchos términos en lenguas originarias y alusiones críticas al inglés y alemán); y en distintos géneros (literarios y vitales). Este libro es un prisma de vivencias y palabras que comparten el sentimiento de orfandad, pérdida o desorientación por haber migrado y ya no saber dónde se está.

 

El lenguaje se desdobla, multiplica y serpentea en las páginas de este libro, con la denuncia a la falsa (o quizás ingenua) idea de que todos hablamos el mismo idioma, que las palabras valen igual no importa quién las diga. De nuevo, esto no es cierto. Experiencia tras experiencia, relato tras relato, se descubre cómo valen más, cómo se reconocen más, las palabras enunciadas por la persona con piel blanca y acento europeos, solo por ser y hablar así. Acá soy la que se fue está escrito desde múltiples voces discordantes que desean reventar el privilegio del acento y arremeten contra todo lo normativo y colonial.

 

Pese a las diferencias de tono y estilo, en el libro predomina un lenguaje crítico y reivindicativo, disruptivo y visceral, para diferenciarse de todos aquellos que no aceptan a lxs migrantes, o que ni siquiera los ven. También aparece la lucha por la reivindicación de la lengua materna y la de la abuela, para no olvidar las palabras de la infancia (cacho, coso, bardo, quilombo, embole, bolazo, tuje, a la marchanta, gurisa, chaucha…). Y está muy presente la tristeza por haber perdido, en muchos casos, esa forma de expresarse única que tenían antes de migrar, que tuvieron que disimular para no ser tratados como diferentes; aunque en la realidad sigan sin ser iguales, porque en la europa fortaleza no se reconoce como igual a quien tiene un tono (de voz o de piel) distinto. Y esto duele.

 

El rechazo por no pertenecer es otra de las constantes de este libro. Rechazo aquí (por no ser suficientemente europeos) y rechazo allá (por haber dejado de ser lo que eran). Aparece el miedo a regresar y descubrir que el lugar que extrañabas ya no existe, que has cambiado y que de repente, no te reconoces ni sabes cuál es tu lugar.

 

Quisiera destacar, como hacen varias de las autoras y autores del libro, que se encontraron con este rechazo en muchos ámbitos: en la academia, en las instituciones, en el transporte público; pero lo que muchas de ellas destacan con rabia (y con poca sorpresa) es que en espacios aparentemente progresistas y abiertos (anarquistas, independentistas, anticapitalistas o queer…) también se encontraron con este rechazo por ser distintos, por haber crecido en otro lugar. Fueron exotizados, ridiculizados o ninguneados por quienes, en principio, deberían haber sido sus compañeros de lucha contra la opresión y el poder, pero no. Todo es mucho más complicado en la europa fortaleza donde hasta las izquierdas y los movimientos sociales acaban siendo blancos y racistas. Y esta crítica es dura y necesaria y engrandece al libro, que no se calla ante lo políticamente correcto y enuncia, en palabras de Francisco Godoy que “el feminismo blanco, si no es antiracista, es racista (p. 130).

 

También quiero señalar que Acá soy la que fue no tiene pretensión de exhaustividad, no aporta soluciones mágicas al racismo estructural europeo, ni quiere dar una explicación completa de la experiencia migrante (como si esto fuera posible…). Tampoco busca dar lecciones, generar compasión o pena por las historias compartidas ni, mucho menos, actos de constricción y arrepentimiento de los europeos. Es más, en el libro se critica bastante la facilidad que tenemos los europeos para hacernos protagonistas y víctimas de sus historias, para culpabilizarnos y hablar de nosotros mismos, lo que no es más que otra forma de quitarles protagonismo y voz (una vez más).

 

Lo que sí pretenden las autoras y autores de este libro es alzar la voz y decir aquí estamos. Y lo que nos toca a los demás es escuchar sus voces, sus historias, compartirlas y divulgarlas… Lo que estoy haciendo ahora, sabiendo que es tal la pluralidad y diversidad de este libro, que no se puede resumir en estas pocas páginas, por lo que recomiendo su lectura, en cualquier lugar del mundo, acá o allá.

 

También espero más voces. Las editoras están preparando un segundo volumen porque les han seguido llegando textos y testimonios, muchas más personas han seguido migrando y compartiendo sus historias. Nos encontramos entonces ante una historia interminable, con muchas vivencias y muchas voces, que abren un diálogo sin fin a los dos lados del Océano. Ojalá fuera un diálogo con menos violencia, menos racismo y menos cierres de fronteras para quien viene del sur…

 

Para contactar con la editorial y preguntar sobre la distribución del libro, se puede visitar: http://www.intervencionesdecoloniales.org/

 

Si se desea más información sobre el real archivo sudaca, se puede visitar: https://realarchivosudaca.wordpress.com/

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