Canibalismo como tendencia culinaria dentro de la gastronomía.

Ivette Carolina Muñoz Mirón[1]

Abstract

La presente investigación[2] tiene como objetivo dar a conocer el concepto de canibalismo gastronómico, su historia y cómo éste puede convertirse en una tendencia culinaria basada en la situación económica, moral y ética de la sociedad actual. El enfoque de dicha investigación se encuentra dirigido a los gastrónomos y sus posibles influencias dentro de las situaciones éticas que podrán existir en el futuro. La gastronomía tiene procesos de cambio constante, por ello, algunos gastrónomos han enfocado en algún momento su carrera a plantear hipótesis sobre la posible aceptación y uso del canibalismo gastronómico, tema y premisas que se abordarán a continuación.

Palabras clave: Canibalismo, gastronomía, tendencia culinaria.

Introducción

Durante siglos el hombre ha presenciado la evolución de su especie debido a diversas condiciones biológicas, sociales y culturales; dentro de ésta premisa se encuentra implícito que dicha evolución afecta otros sectores de la vida del hombre, entre ellos, el ámbito gastronómico que ha sufrido cambios durante las diversas etapas que la vida humana ha atravesado, destacando así grandes momentos de auge y de decadencia de su formato por factores como el económico y cultural.

La vida gastronómica se ha visto envuelta en diversas crisis debido a factores económicos, permitiendo así que solo la gente perteneciente a las grandes élites conociera la parte excéntrica de la cocina. Por contraparte, en épocas de guerra y hambruna la gente aprendió a improvisar alimentos caducos o sin desinfección como platillos comestibles para su supervivencia.

Dadas las premisas anteriores podría entonces suponerse que la vida gastronómica en situaciones de crisis pierde refinamiento. Por ello, situando la realidad actual y los pronósticos de la vida futura del hombre, se abre la interrogante ¿el canibalismo gastronómico se convertirá en una tendencia culinaria?

Canibalismo

El canibalismo es una práctica que data de más de 800 mil años entre los seres humanos, tiene varios orígenes y se remonta a la prehistoria. Con ayuda de varios estudios a nivel de la antropología, paleontología y otras ramas de la ciencia, se han logrado recopilar pruebas que indican que el canibalismo ha existido en prácticamente todo el planeta, lo que aún mantiene la controversia son los motivos por lo que este hecho se daba.

La palabra caníbal en sí tiene sus orígenes en épocas de la colonización de América, es el resultado de una mala traducción o una simple confusión en la que se trataba a una tribu local caribe como caníbal, y se le atribuían, según relatos, que eran comedores de carne humana, es por ello que a partir de esa época se comenzó a tratar de caníbales a los que realizaban esta práctica. (Castellanos, 2019)

Dentro de este concepto existen registrados tres diferentes tipos de canibalismo: el ritual, el de supervivencia y el gastronómico, como se describen a continuación.

  1. Canibalismo ritual: Se llama "endo canibalismo" a la práctica que consiste en comer los cuerpos de miembros de la misma tribu, como un modo de venerar la muerte. Otra costumbre, conocida como "exo canibalismo", se basa en la ingesta de los cuerpos de miembros de otras tribus para provocar con ello intimidación y temor entre los enemigos, o incluso por la mera creencia de que tal conducta les proporcionará “fuerza invencible”. (Anónimo, s.f.)
  2. Canibalismo de supervivencia: Este tipo de canibalismo proviene del instinto de supervivencia, ya que este puede impulsar al ser humano a comer carne de su misma especie, con el único objetivo de mantenerse con vida. En situaciones extremas, una persona común puede recurrir al canibalismo, por repudiable que lo considere, como un medio para no perder la vida.(Anónimo, s.f.)
  3. Canibalismo gastronómico: Es la acción o costumbre humana de comer carne de su misma especie sin un sentido ritual ni por hambruna extrema. La práctica se da por el consumo de forma gastronómica de los cuerpos humanos, generalmente es referido a la prehistoria y asociado al Homo antecessor. (J.F, 2008)

Homo antecessor

El estudio del comportamiento caníbal de las poblaciones de Atapuerca (Burgos), en España, de hace un millón de años, cuyos resultados ponen en manifiesto que la antropofagia era una estrategia rentable para el Homo antecessor, una especie de homínidos que hoy es considerada la más antigua de Europa.

"Para Homo antecesor era más fácil encontrarse con un humano que con otro animal. Una de las posibles explicaciones de esa alta tasa de encuentro entre humanos es que los cadáveres canibalizados fueran de miembros del grupo muertos por diferentes causas" (Mateos, 2004 – CENIEH)

Canibalismo gastronómico

Origen

Como ya se apuntó anteriormente, el origen del canibalismo gastronómico puede situarse junto al Homo antecesor hace 800,000 años. Éste fue el primer indicio de canibalismo en su forma menos común para su tiempo, dejando de lado su formato de supervivencia e introduciendo a la historia uno nuevo.

Posteriormente pudo verse otro indicio del mismo dentro de la historia en el caso de The Cannibal Club, fundado en 1863 por Sir Richard Francis Burton y el doctor James Hunt, el cual realizaba reuniones de degustación clandestina en los comedores Bartolini, cerca de la londinense Fleet Street, que operaron como vía de escape de acaudalados radicales e inadaptados sociales.

También se tienen registros de contemporáneos nacionales expresando sus experiencias con el canibalismo gastronómico, de los cuales aún se pone en duda la veracidad, pero que datan del registro en sus memorias. Uno de ellos es Diego Rivera, quien comenta en sus memorias: “Los que decidimos llevar a cabo el experimento hicimos un fondo común para comprar cadáveres en la morgue municipal y escogimos los cuerpos de las personas que habían fallecido de muerte violenta: los que acababan de ser asesinados y no estaban enfermos o seniles. Seguimos nuestra dieta caníbal durante dos meses y la salud de todos nosotros mejoró visiblemente”

Características culinarias

El chef Alejandro García Urrutia dio en Gijón una ponencia a propósito de un curso de verano impartido en 2008 por el sociólogo y divulgador gastronómico Miguel Ángel Almodóvar titulado “Cocina del hombre para el hombre. Del tabú antropofágico a la cocina de los ogros”. Dicha ponencia trataba de arrojar luz sobre las “Posibilidades gastronómicas de la carne humana”

Dentro de ésta, se analizó al Homo antecesor, sus motivaciones y la posibilidad de que España se convierta, por los antecedentes presentados, en el primer país en incitar el canibalismo gastronómico y uno de los primeros países en reiniciarlo..

“Nunca se me hubiera ocurrido algo tan repulsivo y aberrante porque sí, pero una noche estaba viendo un documental televisivo sobre Armin Meiwes, El Caníbal de Rotemburgo, y este individuo narraba con toda frialdad que una vez cocinado el pene de su amante y víctima, con ajo, sal y pimienta, el plato había resultado un completo fiasco culinario para ambos comensales. De pronto me sorprendí explicando en voz alta por qué esa preparación jamás podía haber funcionado” (Almodóvar, 2008 - Gijón)

Otro gastrónomo que mostro interés por comentar las posibilidades del canibalismo gastronómico fue el crítico gastronómico Xavier Domingo, que en su obra “De la olla al mole” dedica un capítulo entero al canibalismo.

Puede observarse entonces que el canibalismo gastronómico llega a ser de interés para algunos gastrónomos por factores diversos.

Aceptación cultural

Si bien es cierto que existen indicios de la aceptación o interés por el tema del canibalismo gastronómico, la realidad persiste en un gran rechazo a éste tema, pues sigue siendo de consideración grotesca y llena de salvajismo por aquellos que escuchan el término o los testimonios del mismo.

También es cierto, que en un principio el hombre se llegó a negar al consumo de ciertas especies animales por consideraciones de higiene, religión o simple desagrado, pero que las circunstancias económicas los llevaron a experimentar su consumo, como con las ratas, los animales rastreros o los animales de compañía, como perros y gatos.

Es entonces y bajo estas consideraciones, que se ha llegado a pensar que según el futuro económico de cada país, comenzará por plantearse un canibalismo de supervivencia que poco a poco llegará a mutar en un canibalismo gastronómico con ayuda y aceptación de chefs y gastrónomos para que la ingesta de esta luzca menos grotesca y salvaje, logrando así una aceptación ética que traiga consigo la tranquilidad de quien lo consuma.

“[...] Prohibir el uso de las bolsas de plástico es otra iniciativa que se puede sumar a no permitir que los transeúntes regulares encuentren en su parque preferido una invasión habitacional de personas sin techo. Son dos de las propuestas que se han puesto en marcha en las ciudades para llevar una vida más responsable. Tal vez, en algún momento, no suene tan descabellado comerse a los pobres a cambio de una remuneración económica.” (Mendoza, 2000)

Todo esto no descarta un dato importante del que se tiene registro y puede ser un freno biológico a éste tema, las consecuencias médicas del consumo humano.

Consecuencias

Se tiene registró del mal llamado de las vacas locas, éste como consecuencia de un trastorno cerebral en el ganado vacuno adulto y puede ser transmitido a través de la ingesta humana, trayendo como consecuencia la demencia y, posteriormente, la muerte.

Comer carne humana no sólo supone un dilema moral, sino que además puede provocar "Kuru", una enfermedad incurable y degenerativa, similar al mal de las vacas locas. La enfermedad surgió en Papua Nueva Guinea, donde los caníbales comían el cerebro de sus muertos. El tiempo de incubación de esta enfermedad es de entre 10 y 13 años, y la muerte se produce un año después de la aparición de los síntomas. (Anónimo, s.f.)

Visión contemporánea

“Si más personas donaran sus cuerpos a un bistró en lugar de a la ciencia médica, podríamos reducir la sobrepoblación. Y tener una fuente de alimento alternativa viable que sea nutritiva y rica en proteínas”. (Mateos, 2007)

La periodista Mary Roach ahondaba en algo parecido: “Lo que a mí me interesa no son las culturas que se comen la carne de sus prisioneros, sino las que se comen a sus propios muertos. De lo que hablo es del modelo práctico del canibalismo, no tanto del porqué, sino del por qué no. Hablo de comerse la carne de los muertos porque está ahí y porque las raíces del ocumo acaban por cansar a cualquiera. Si uno no sale a capturar humanos ni se molesta en cebarlos, el canibalismo sí tiene su lógica económica”.

Es así como podemos apreciar que dentro la visión general de personas no pertenecientes al ámbito gastronómico, la idea de canibalismo es retomada, pero, es importante destacar que éstos refieren más a un canibalismo de supervivencia que un canibalismo gastronómico. Retomando así la idea de que el canibalismo surgirá como una necesidad social más que como una necesidad o exploración culinaria para la visión del público en general.

Conclusiones

Compilada toda esta información y analizando las posturas de gastrónomos y de críticos, en general, hemos de concluir con la idea de que la hipótesis planteada en ésta investigación no puede tener aún una respuesta positiva absoluta ni tampoco puede ser descartada. Es bien sabido y como pudo observarse, la condición ética y moral de la humanidad le prohíben aprobar o ser partícipes de un tema de esta naturaleza por su denotación salvaje y poco común, prohíba en todo el mundo y mal vista por ser un ataque latente a su misma especie.

Aún con todo lo señalado anteriormente también es notable el hecho de que la sociedad humana en sus ámbitos morales y éticos ha sufrido alteraciones que traen como consecuencia actos de suma violencia y salvajismo, crimen constante y falta de valores excesiva, trayendo como consecuencia factores como la desigualdad, la pobreza y actos criminales constantes, englobando todo esto y en visión de dichas premisas suena menos descabellado el tema de canibalismo y en consecuencia de un canibalismo gastronómico aceptado y desarrollado.

Por ello se concluirá este trabajo con la reflexión acerca de lo que el hombre se encuentra haciendo como un colectivo social para que existan visiones morales que lo lleven a considerar al canibalismo gastronómico como una posibilidad entre millones, que si bien luce lejana, al ser considerada ya como posibilidad lleva a la necesidad de evaluarla. Además, al haber gastrónomos aceptando o insinuando dicho tema, esto nos habla, por su puesto, de la carga moral con la que los gastrónomos en formación se encontrarán en un futuro. ¿Están listos para una práctica cotidiana de ésta índole? El futuro de la humanidad los enfrentará a dar con una respuesta.

 

Bibliografía

Almodovar, M. (2013). El crimen caníbal en su expresión de amor supremo. Madrid: Quadernos de criminología.

Anónimo. (s.f.). Canibalismo ¿una práctica común? Obtenido de History Latam: https://latam.historyplay.tv/noticias/canibalismo-una-practica-comun

Castellanos, A. (22 de Agosto de 2019). Canibalismo, conceptos, tipos y ejemplos. Obtenido de Paradais Sphynx : https://www.paradais-sphynx.com/noticias/canibalismo-concepto-tipos-ejemplos.htm

Eudald, C. (2017). Atapuerca: 40 años inmersos en el pasado. Barcelona: RBA books.

J.F. (28 de Febrero de 2008). Canibalismo gastronómico. Obtenido de La Razón: https://www.larazon.es/historico/canibalismo-gastronomico-QJLA_RAZON_47209/

Mendoza, C. (24 de Enero de 2000). Canibalismo: Una solución sustentable. Obtenido de Arquine: https://www.arquine.com/canibalismo-una-solucion-sustentable/

Palomo, M. (4 de Diciembre de 2018). Canibalismo ¿Una tendencia gastronómica?, . Obtenido de Neo2: https://www.neo2.com/canibalismo-tendencia-gastronomica/

Pancorbo, L. L. (2008). El banquete humano: Una historia cultural del canibalismo. Madrid: España Editores.

Sinc, A. (8 de Mayo de 2019). El canibalismo, la dieta elegida por el "Homo antecessor" porque era barata. Obtenido de El espectador: https://www.elespectador.com/noticias/ciencia/el-canibalismo-la-dieta-elegida-por-el-homo-antecessor-porque-era-barata/

Soler, J. (11 de Agosto de 2014). Caníbales ilustres. Obtenido de El País: https://elpais.com/elpais/2014/08/11/eps/1407783825_579864.html

 

 

 

[1] Estudiante de tercer semestre de la licenciatura en Gastronomía en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

[2] Realizada durante del curso de la materia Introducción a la investigación en el período 2020-2 bajo la dirección del Dr. Héctor Pérez Guido.

Acá soy la que se fue. Relatos sudakas en la europa fortaleza

Isabel Gamero

Universidad Complutense de Madrid

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Reseña. Acá soy la que se fue. Relatos sudakas en la europa fortaleza

 

Caroline Betemps Bozzano y Lucía Egaña Rojas (eds.)

 

T.I.C.T.A.C. Ediciones, Barcelona, 2019 (267 páginas)

 

Caroline Betemps y Lucía Egaña, las editoras de este volumen colectivo, son creadoras e investigadoras latinoamericanas, que llevan ya casi la mitad de su vida en Europa. Nacidas en Brasil y Chile, respectivamente, ahora son habitantes del planeta y tras décadas de migraciones y vidas expandidas a lo largo de dos continentes, ya no tienen muy claro cuál es su lugar.

 

Se conocen de hace años, por el activismo, el arte y la academia, y un día se plantearon por qué en Europa no se escuchan voces como las suyas. Las personas migrantes ocupan las primeras planas en publicaciones en medios de comunicación en momentos críticos, son objeto de estudios sociológicos o antropológicos y suelen ser encasillados en una serie de estereotipos trillados/manidos/rancios y creados por los propios europeos (como el porteño conquistador de corazones, el mexicano que desayuna chiles o la colombiana que baila salsa mejor que nadie); pero es como si las migrantes no tuvieran voz propia para narrar su historia o ni siquiera una historia que narrar. Y esto es falso.

 

Para mostrar esta falsedad y solventar esta falta de un relato propio, Caroline y Lucía crearon una convocatoria pública que compartieron con sus redes, sus conocidas y con las editoras del real archivo sudaca, un blog donde migrantes comparten el racismo que han vivido en Europa, en el que ambas llevaban colaborando unos años. Preguntaron a todas ellas si querían participar en un proyecto colectivo para narrar sus vivencias de sudakas migrantes en el territorio que decidieron llamar la europa fortaleza. No había instrucciones ni formato predeterminado, solo ganas de compartir historias y de alzar la voz, para ser escuchadas.

 

Y recibieron más de un centenar de participaciones, de la más diversa índole que son las que componen y dan forma a Acá soy la que se fue (frase de Magdalena Piñeyro, una de las colaboradoras del libro). Este libro de cuidada edición se abre con el relato del primer viaje de avión de Lucrecia Masson (p. 25) y en él se pueden leer textos literarios y reflexivos, como el de la escritora venezolana de Caborca Lynch (“La migración es la puesta en escena de un drama. Quien migra […] ha perdido sus síntomas de antigüedad sobre la tierra. Y se instala en la simulación de lo real”, p. 198); pero también hay expresiones que desbordan los límites de lo textual, poemas desgarrados y desgarradores como los de María Basura (“Mestiza del coño sur/carne de un coño que expele verborreas/concebida por muerte y desgracia de la colonización...”, p. 171) y fanzines y collages, como los de Ce Quimera (p. 57). Además, en el libro se encuentran creaciones inspiradas (o desesperadas) por trámites de aduana y burocráticos (un Poema al NIE de Joyce Jandete, p. 222 y una catalogación de cuerpos humanos según su envoltorio y empaque, en el impactante texto: Caducada, podrida y otras degradaciones fértiles, de Klau Chinche, p. 47). También hay escritos nostálgicos al ritmo del bandoneón (como los viajes de Magdalena Piñeyro entre Canarias y Montevideo, p. 111) y ensayos bastardos y provocadores, como el Manifesto O Cul do Sul (El manifiesto del culo del sur, de Pêdra Costa, p. 186). Encontramos alguna postal del pasado, dudas sobre la posibilidad de escribir el texto que se está, de hecho, escribiendo en Notas para un libro aún sin nombre, de Helen Torres (p. 262) e incluso alguna autora tuvo que morderse los labios para no escribir verdades que pudieran perjudicarla a ella y su familia.

 

Y es que, más allá de las palabras, las vidas de quienes han escrito estos textos (en el sentido amplio del término) están en juego. Sus situaciones de vulnerabilidad y riesgo constante a ser expulsados están expuestas y a la luz, como una herida que sangra cada vez que se preguntan por qué este insistir en permanecer en un lugar donde constantemente te recuerdan que eres de fuera, que no perteneces, que por mucho que lo intentes, nunca lo serás.

 

Los temas tratados son amplios y diversos. No había delimitación temática en la propuesta de las editoras y el resultado es deslumbrante, en distintos idiomas (sobre todo español y portugués, con muchos términos en lenguas originarias y alusiones críticas al inglés y alemán); y en distintos géneros (literarios y vitales). Este libro es un prisma de vivencias y palabras que comparten el sentimiento de orfandad, pérdida o desorientación por haber migrado y ya no saber dónde se está.

 

El lenguaje se desdobla, multiplica y serpentea en las páginas de este libro, con la denuncia a la falsa (o quizás ingenua) idea de que todos hablamos el mismo idioma, que las palabras valen igual no importa quién las diga. De nuevo, esto no es cierto. Experiencia tras experiencia, relato tras relato, se descubre cómo valen más, cómo se reconocen más, las palabras enunciadas por la persona con piel blanca y acento europeos, solo por ser y hablar así. Acá soy la que se fue está escrito desde múltiples voces discordantes que desean reventar el privilegio del acento y arremeten contra todo lo normativo y colonial.

 

Pese a las diferencias de tono y estilo, en el libro predomina un lenguaje crítico y reivindicativo, disruptivo y visceral, para diferenciarse de todos aquellos que no aceptan a lxs migrantes, o que ni siquiera los ven. También aparece la lucha por la reivindicación de la lengua materna y la de la abuela, para no olvidar las palabras de la infancia (cacho, coso, bardo, quilombo, embole, bolazo, tuje, a la marchanta, gurisa, chaucha…). Y está muy presente la tristeza por haber perdido, en muchos casos, esa forma de expresarse única que tenían antes de migrar, que tuvieron que disimular para no ser tratados como diferentes; aunque en la realidad sigan sin ser iguales, porque en la europa fortaleza no se reconoce como igual a quien tiene un tono (de voz o de piel) distinto. Y esto duele.

 

El rechazo por no pertenecer es otra de las constantes de este libro. Rechazo aquí (por no ser suficientemente europeos) y rechazo allá (por haber dejado de ser lo que eran). Aparece el miedo a regresar y descubrir que el lugar que extrañabas ya no existe, que has cambiado y que de repente, no te reconoces ni sabes cuál es tu lugar.

 

Quisiera destacar, como hacen varias de las autoras y autores del libro, que se encontraron con este rechazo en muchos ámbitos: en la academia, en las instituciones, en el transporte público; pero lo que muchas de ellas destacan con rabia (y con poca sorpresa) es que en espacios aparentemente progresistas y abiertos (anarquistas, independentistas, anticapitalistas o queer…) también se encontraron con este rechazo por ser distintos, por haber crecido en otro lugar. Fueron exotizados, ridiculizados o ninguneados por quienes, en principio, deberían haber sido sus compañeros de lucha contra la opresión y el poder, pero no. Todo es mucho más complicado en la europa fortaleza donde hasta las izquierdas y los movimientos sociales acaban siendo blancos y racistas. Y esta crítica es dura y necesaria y engrandece al libro, que no se calla ante lo políticamente correcto y enuncia, en palabras de Francisco Godoy que “el feminismo blanco, si no es antiracista, es racista (p. 130).

 

También quiero señalar que Acá soy la que fue no tiene pretensión de exhaustividad, no aporta soluciones mágicas al racismo estructural europeo, ni quiere dar una explicación completa de la experiencia migrante (como si esto fuera posible…). Tampoco busca dar lecciones, generar compasión o pena por las historias compartidas ni, mucho menos, actos de constricción y arrepentimiento de los europeos. Es más, en el libro se critica bastante la facilidad que tenemos los europeos para hacernos protagonistas y víctimas de sus historias, para culpabilizarnos y hablar de nosotros mismos, lo que no es más que otra forma de quitarles protagonismo y voz (una vez más).

 

Lo que sí pretenden las autoras y autores de este libro es alzar la voz y decir aquí estamos. Y lo que nos toca a los demás es escuchar sus voces, sus historias, compartirlas y divulgarlas… Lo que estoy haciendo ahora, sabiendo que es tal la pluralidad y diversidad de este libro, que no se puede resumir en estas pocas páginas, por lo que recomiendo su lectura, en cualquier lugar del mundo, acá o allá.

 

También espero más voces. Las editoras están preparando un segundo volumen porque les han seguido llegando textos y testimonios, muchas más personas han seguido migrando y compartiendo sus historias. Nos encontramos entonces ante una historia interminable, con muchas vivencias y muchas voces, que abren un diálogo sin fin a los dos lados del Océano. Ojalá fuera un diálogo con menos violencia, menos racismo y menos cierres de fronteras para quien viene del sur…

 

Para contactar con la editorial y preguntar sobre la distribución del libro, se puede visitar: http://www.intervencionesdecoloniales.org/

 

Si se desea más información sobre el real archivo sudaca, se puede visitar: https://realarchivosudaca.wordpress.com/

«Una prótesis defectuosa o un usuario muy humano»

«Una prótesis defectuosa o un usuario muy humano»

Valerié Sofía Ferrusca Rodríguez

Era 1829 cuando Jacob Bigelow definió la tecnología como “[...] principios, procesos y nomenclaturas de las artes más conspicuas, particularmente aquellas que involucran aplicaciones de la ciencia, y que pueden ser consideradas útiles, promoviendo el beneficio de la sociedad” (Bigelow, 1829). Con esta descripción, es sencillo afirmar que la tecnología tiene el único propósito de beneficiarnos, lo que nos dice que si nos perjudica no es tecnología. O puede ser que nosotros somos quienes fallamos si la tecnología nos perjudica. En el siguiente ensayo, se desarrolla lo planteado.

En general, la tecnología es una herramienta que ha servido de apoyo para desarrollarnos como seres humanos, ha sido un bastón, una prótesis que respalda nuestras necesidades e incluso reemplaza ciertos elementos de nuestra vida cotidiana. Estos artefactos para algunos pueden ser una bendición, como es el caso de Judith Newman, que en su libro “A Siri[1] con amor” cuenta su experiencia junto con su hijo autista, que ha encontrado a una compañera con la cual hablar por horas; “muchos de nosotros queríamos un amigo imaginario y ahora lo tenemos, sólo que éste no es del todo imaginario [...] En un mundo donde la sabiduría común es que la tecnología nos aísla, vale la pena considerar el otro lado de la historia” (Newman, 2016).

La tecnología, los nuevos medios de comunicación, las redes sociales, se muestran como elementos que nos han acercado a quienes tenemos más lejos, pero al mismo tiempo, nos han alejado de quienes tenemos más cerca. Es indudable que la tecnología es algo veloz y cambiante que no se detiene por nada del mundo y, por supuesto, afecta a nuestras vidas y la forma de relacionarnos. Sería certero afirmar que este impacto es a gran escala y son casi nulas las personas que no son influenciadas por estas nuevas tecnologías.

Mientras Newman ha encontrado una herramienta que le ayuda en la crianza de sus hijos y le proporciona una nueva perspectiva, por otro lado, Zygmunt Bauman, en “Amor líquido” opina que: “Algunos sociólogos [...] se apresuran a concluir que sus contemporáneos están dispuestos a la amistad, a establecer vínculos, a la unión, a la comunidad. De hecho, sin embargo [...] la atención humana tiende a concentrarse actualmente en la satisfacción que se espera de las relaciones, precisamente porque no han resultado plena y verdaderamente satisfactorias; y si son satisfactorias, el precio de la satisfacción que producen suele considerarse excesivo e inaceptable”. (Bauman, 2003). Se puede decir que Bauman nos describe como seres hedonistas, alimentados por la facilidad y la simplicidad de estas herramientas que se han convertido más en un compañero o una parte vital e indispensable de nuestras vidas.

En los trabajos de Zygmunt Bauman encontramos analogías y afirmaciones de un nuevo mundo líquido (arte líquido, amor líquido, modernidad líquida, tiempos líquidos, etc.) que nos abren paso para criticar esta nueva forma de relacionarnos. A pesar de que esto facilita y agiliza los vínculos, también nos convierte en entes flojos, temerosos y aislados que no tienen un concepto fijo sobre lo que es relacionarse de manera natural. A través de esta perspectiva de humanos desechables, puede ser motivo de preocupación el darnos cuenta de la dependencia a las tecnologías, la falta de determinación para vincularnos como individuos y lo fácil que puede resultar eliminar tanto una identidad como una relación interpersonal.

Desde el punto de vista de Zygmunt Bauman: las tecnologías han tomado el trabajo de diluir las relaciones humanas, restándoles importancia y limitándolas en la satisfacción. En efecto, reduciéndolas a lo instantáneo y lo veloz. Con estas relaciones tan delicadas y volátiles, uno se consuela con la cantidad y la velocidad que les puede proporcionar. Se critica, entonces, que la tecnología más que ayudarnos a concretar relaciones certeras y firmes, nos conformamos con lo sencillo, que es tanto crearlas como destruirlas con un simple botón.

Entonces, el afirmar si la tecnología nos beneficia o nos perjudica dependerá de las situaciones y eventos vividos. Hemos aclarado que el objetivo de la tecnología es facilitarnos la vida, lo cual es un reflejo esencial del ser humano; por ejemplo, las leyes de Gestalt explican cómo nuestra percepción simplifica la forma en la que procesamos el mundo a nuestro alrededor (Martín González, 2006). Ahora el problema estriba entre si crearnos vidas tan sencillas es precisamente lo que las está complicando más, logrando que perdamos nuestra humanidad.

De manera paralela, Zygmunt Bauman enfatiza cómo estos nuevos humanos diluidos hasta lo líquido cosifican y son cosificados, con un apoyo latente y procurado en la era globalizada y tecnológica. A pesar de recitar el discurso de igualdad, estas personas no logran tratar a otros como semejantes, sino como objetos que pueden ser acercados y alejados a cada momento, usándolos cuanto gusten y con una forma de pensar individualista e incluso egoísta (Bauman, 2003).

Esta forma de convivir se ha vuelto inadecuada, nos está aislando y diluyendo hasta el punto de convertirnos en máquinas que ya no saben reconocer los sentimientos. Tenemos tres posturas: la afirmación de que la tecnología sigue siendo un instrumento que nos acerca y afirma nuestra humanidad; en segundo lugar, que la tecnología nos ha diluido hasta el punto en que ya no podemos identificarnos como animales pensantes sino como máquinas y, finalmente, que la única salvación que podemos tener como humanos es convertirnos en máquinas (Newman, 2016). (Bauman, 2003).

¿Debemos entonces culpar a las máquinas por generar dependencia o culparnos a nosotros mismos por no ser máquinas y ser falibles? Aunque nosotros fuimos quienes hemos desarrollado la tecnología, ésta también tiene el objetivo de desarrollarnos. Si ahora concordamos en que las máquinas pueden llevarnos a algún extremo indeseable, como la total dependencia, y nuestra alternativa parece entonces, liberarnos de ellas en su totalidad, por qué no retomar lo que Aristóteles enseña en su justo medio: “El rasgo distintivo del hombre prudente es el ser capaz de deliberar y de juzgar de una manera conveniente sobre las cosas.” Sería, pues, útil darnos cuenta que la culpa no radica en las máquinas ni en quien las crea, sino, en quien las utiliza y fracasa en su prudencia.

Cuando se ideó y creó la tecnología, hubo negligencia en considerar qué tan poco control se puede tener al momento de usarla en condiciones inadecuadas. El público a quien está dirigida no es consciente de su uso, de las consecuencias que puede tener comportarse de cierta manera e incluso se puede decir que no conocen la forma correcta de utilizarla ni el objetivo esencial que busca cumplir. No se puede saber con seguridad total si la falta de instrucciones y mediciones simples o si la falta de prudencia y consciencia o iniciativa de investigación y aprendizaje son las culpables para encontrarse en esta situación, pero asumiendo que todos contamos con la misma racionalidad que nos permite distinguir límites y controlar los daños o beneficios que vamos a encontrar, entonces es claro que la falta de prudencia es lo que nos lleva a este escenario caótico donde las tecnologías nos perjudican.

Si se logra mantener a la tecnología como un objeto de ayuda que no se convierte en una compañía o una necesidad, las tecnologías cumplen entonces su propósito esencial de brindarnos comodidades. La falta de entendimiento sobre el verdadero propósito de la tecnología nos ha deshumanizado; no obstante, depende de nosotros únicamente decidir el grado de sustitución existencial que depositamos en estos medios modernos. No podemos esperar que se detenga el avance tecnológico, ni podemos quedarnos estancados en una sola forma de vivir ni de relacionarnos, pero valdría la pena salvar lo que nos hace humanos y nos diferencia de estos nuevos artefactos, manteniendo tal equilibrio del cual hablamos.

En conclusión, uno tiene que cuidar su integridad al ser consciente sobre la forma de utilizar y tratar a las nuevas tecnologías. No podemos olvidar que la tecnología no nos hace humanos ni dependemos en ella para vivir, aunque nos pueden brindar bienestar, comodidad, entretenimiento, entre otras cosas, también nos pueden privar de experiencias vitales si abusamos de su uso y sobrestimamos nuestra necesidad de ésta. Es esencial reconectarse con el vacío que existe al desvincularnos de estos artefactos, reconciliarse con la frustración y el identificarse con uno mismo y otros seres humanos. Evitar caer en la dilución electrónica y recordar que el desarrollo tiene distintos caminos, con distintos métodos y herramientas. Es motivo de reflexión el preguntarse si el abuso y los problemas que han emergido a partir de la tecnología son culpa de ellas mismas o del usuario que no logra manejarlas de manera adecuada.

En conclusión, la tecnología no nos beneficia ni nos perjudica por sí misma, sino, que es el consumidor quien decide si le va a damnificar o a enriquecer y qué tanto va a ser la medida de esto. La falla no se encuentra en estas innovaciones, sino en nosotros mismos, que de manera imprudente abusamos de los avances, llegamos a los extremos desmedidos. No es entonces eliminar la tecnología como la causa de todos nuestros males ni idealizarla como la salvación de esta existencia. Es aceptar que, los humanos, somos seres imperfectos que cometemos errores y en este caso, estamos usando la tecnología como herramienta para perjudicarnos, pero está en nuestras mismas manos usarla para ayudarnos.

 

[1]Siri es una inteligencia artificial que funciona como una asistente virtual comandada por voz disponible en todos los dispositivos de la marca Apple.

 

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