03 Jul 2019

La capirotada de Doña Eva

Elizabeth Baliño Gaxiola.

Gastrónoma.

 

¿Qué se preparaba en el México del siglo pasado? Pensar en ese tema me trae grandes y gratos recuerdos de una señora muy linda, cariñosa y bondadosa, quien crio a mis tías y a mi mamá con gran rectitud, entendiéndose por rectitud la enseñanza de los valores que cualquier ser humano gentil puede tener. La gran señora a la que me refiero es mi abuela, Eva Valenzuela, quien preparaba una capirotada, que en todos los años que llevo conociendo la cocina, jamás, ni mi mamá, ni mis tías ni yo hemos vuelto a probar.

 

 

Mi abuela era de los Mochis, Sinaloa, por lo que la forma de preparar esta capirotada varía un poco, además que era muy creativa, es decir, gustaba de hacer combinaciones de lo que tenía a la mano y constantemente modificaba sus propias recetas. Elaboraba su capirotada con bolillo que dejaba endurecer durante días, o en su defecto, con pan de caja blanco, aceite, cacahuates, nueces, miel, queso blanco, mantequilla, un poco de leche para que no quedara tan dulce. Pero lo que realmente es increíble, era la espectacular salsa de mango (así la llamaba aunque no es una salsa como tal) que le incorporaba. Por cierto, usaba mango porque en el jardín de su casa tenían árboles de este fruto.

 

Haciendo un pequeño paréntesis y con respecto a esto, mi abuelita y mi mamá nos platicaban, que durante las noches, se podía escuchar cómo caían los mangos. Ya por la mañana, se levantaba a recogerlos, pelarlos y retirarles la pulpa para que no empezaran a descomponerse.

 

 

 

Volviendo a la capirotada y a su procedimiento, Doña Eva, freía los bolillos en una cazuela y los escurría en servilletas sobre un plato extendido, después preparaba un jarabe muy espeso a base de miel, leche y mantequilla. Una vez listo incorporaba los mangos cortados de forma irregular, las nueces y los cacahuates. Después untaba una cazuela con mantequilla, introducía los bolillos en ella y les vertía esta “salsa de mango” en conjunto con el queso. Luego lo horneaba y voilà, aparecía la capirotada mágica de la abuela.

 

Inclusive en muchas ocasiones le llegaban a preguntar los vecinos: “¿Doña Eva ahora no ha hecho esa capirotada tan rica? A lo que mi abuela respondía: “No, hoy mi viejo no ha tenido antojo”.

 

No puedo describir con palabras el sentimiento que me provoca recordar su bella cocina y la bella persona que era ella, pues ha trascendido a través de mi mamá y ahora, a través de mi.

 

 

 

 

CÍTANOS.

Baliño Gaxiola, Elizabeth, "La capirotada de doña Eva", Claustronomía. Revista gastronómica digital, Universidad del Claustro de Sor Juana, México, D.F., 2013, <www.claustronomia.mx>.

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