Encuentro internacional por una cultura de la Paz

Encuentro internacional por una cultura de la Paz

Encuentro internacional por una cultura de la Paz

 

Mesa magistral de apertura

La rectora Carmen B. López-Portillo Romano, el padre Alejandro Solalinde y el sociólogo Emilio Álvarez Icaza conversaron sobre el poder de las humanidades, de la migración y de la desigualdad en México, donde un millón de personas acumulan la riqueza de más de 70 millones de mexicanos.

 

La rectora Carmen B. López-Portillo Romano dijo que el ámbito de las humanidades es donde se gesta la posibilidad del autoconocimiento, se piensa al ser humano, sus manifestaciones, los derechos humanos, la democracia, la participación ciudadana, la idea de la soberanía, los límites del Estado, la legitimidad de las instituciones, la legislación internacional, la relación entre pueblos, el discurso político, la manipulación de la verdad por los intereses del poder y el capital. El objetivo de la universidad es resignificar la cultura desde las humanidades y pensar en procesos de producción y transmisión de conocimiento.

 

Nuestra casa de estudios, agregó, no es ajena a la comunidad y a la cultura de la que forma parte, no tiene sentido su vocación si no es defendiendo sus principios que lo inspiran, por lo cual reconocemos el reto de este presente doloroso, ya que es importante hacer conciencia de lo que hemos hecho del mundo. Por lo anterior organizamos este encuentro, para propiciar una paz constructiva, mejorar la convivencia y formas de vida.

 

El padre Alejandro Solalinde afirmó que una cultura de paz en este momento es una utopía.  Piensa en la paz desde los más de 240 000 millones migrantes, que se desplazan, muchos huyendo de la violencia. El tema migratorio es un tema mundial. Y aunque hay rechazo de autoridades, hay gente que se solidariza y apoya. Mientras Trump  destrozó los sueños de jóvenes, hay estadounidense jóvenes de varias universidades que van voluntariamente a albergues de la ciudad de México, de Texas por ejemplo.

Los migrantes nos educan porque son subversivos: no se quedan donde no hay paz ni oportunidades para vivir. Sin embargo en su migración son tolerantes y encuentran un credo común de fe y respeto. Además, aportan con su actitud elementos para la paz y una nueva visión del mundo, gracias a su experiencia.

Para Solalinde, los migrantes nos han enseñado el sentido comunitario, vivir con lo necesario, compartir, la solidaridad, a empujar leyes con su presencia; en resumen han impulsado los derechos humanos.

La paz, finalizó, es la respuesta integral a todas las necesidades del ser humano.

 

Emilio Álvarez Icaza hizo un recuento de las múltiples violencias que sufrimos todos los días: desde la negación de derechos y el no reconocimiento de la otredad, hasta la inutilidad de las instituciones públicas y de la política, la generación de riqueza y pobreza simultáneas; por ejemplo únicamente un millón de personas acumula la riqueza de casi 70 millones de personas. En los últimos 25 años la economía mexicana se ha multiplicado por tres o por cuatro, y el nivel de pobreza ha aumentado. Otro caso escandaloso es la violencia que se ejerce contra las mujeres, más de la mitad de ellas la han experimentado y el 80% de los agresores es alguien conocido y cercano. Otros casos de violencia, abundó, son la expulsión de “dreamers” por Estados Unidos, el caso de los 43, las ejecuciones extrajudiciales, el uso criminal de la fuerza, la construcción narrativa para legitimar la violencia, los huachicoleros, la impunidad, la normalización de la corrupción y de la ilegalidad. Afirmó que la corrupción mata  y roba derechos.

Para Icaza es posible emprender acciones dirigidas a una solución, por ejemplo una ley para profesionalizar a la policía y sacar el ejército de las calles, propiciar la solución no violenta de los conflictos. El objetivo debe ser crear mecanismos sociales, espacios para construir la paz, valores de la democracia, reconocer la otredad, provocar que la gente piense distinto, fomentar el diálogo y la negociación.

Reconoció que la licenciatura en Derechos Humanos y Gestión de Paz que imparte esta casa de estudios es una ancla para trabajar con la sociedad civil y fomentar soluciones reales.

“Si quieres la paz, trabaja por la justicia”, finalizó.

 

 

El papel de las artes frente a la violencia

El curador Juan Carlos Pereda abordó el tema de lo monstruoso en el arte. Dijo que cada época histórica propone un modelo de representación del mundo a través del arte; y por lo tanto se representa la violencia política o social de la época. Artistas de la posguerra como Pablo Picasso, Francis Bacon, Jean Dubuffet, Willem de Kooning, Alberto Giacometti y Rufino Tamayo mostraron una condición humana saturada de violencia.

 

Rocío García Ruíz habló de la labor del Consorcio Internacional Arte y Escuela, A.C.  (CONARTE) que

enfoca las artes como herramienta transformadora y constructora de paz. La metodología se adapta de acuerdo a los diferentes contextos donde se aplica. El programa que se emplea es  interdisciplinario, creado para dar contenidos prácticos para la paz.

Para García Ruíz la base de cultura de paz consiste en aprender a experimentar individual y colectivamente con la armonía que nace del respeto y reconocimiento.

 

Lorena Wolfer opinó que es importante ubicar y entender a cuál de múltiples violencias de la micropolítica nacional se refiere el arte, cómo la miramos, entendemos y nombramos para localizar la normalización performativa a la que la hemos sometido. Es necesario recurrir al arte para retratar las violencias e incidir directamente en el desarrollo de esa violencia frente al evidente fracaso del Estado, las artes deben tener un desempeño en el contexto de las violencias institucionalizadas.

Uno de los proyectos que Wolfer compartió es el de “Estados de excepción”, mediante el cual acomodó una mesa en un espacio público al que invitaba a mujeres que pasaban a dialogar sobre

las leyes locales, federales e internacionales relativas a derechos de las mujeres. Otro proyecto fue  “Afectos ciudadanos”, en el cual se recavaron testimonios de distintas personas de distintas comunidades de la República para luego diseminarlos en mantas. El proyecto inició en Iguala, luego de la desaparición de los normalistas y luego se extendió a otros territorios violentos. Por desgracia el proyecto tuvo que ser cancelado ante las amenazas del crimen organizado. A Wolfer le interesa el impacto de los proyectos específicos y lo que se logra en las comunidades.

 

La directora del Seminario de Cultura Mexicana, Alejandra Fraustro, compartió el trabajo que ha realizado desde diferentes trincheras: Secretaria de Cultura en Guerrero, Directora de Culturas Populares, por ejemplo. Dijo que los lugares donde hay más marginación hay más identidad cultural, por desgracia, reconoció que no hay un proyecto común. Sin embargo, la cultura es una estrategia de transformación social.

Fraustro afirmó que la confianza es elemental para el logro de los proyectos culturales que además deberían ser generadores de economía.

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