Un altar de muertos y el afán de “Tejer y destejer la vida"

Un altar de muertos y el afán de “Tejer y destejer la vida


Estamos a espaldas de la Universidad del Claustro de Sor Juana, sobre la calle de San Jerónimo, un grupo de niños juega futbol, la gente pasea con mascotas y carriolas. Está por oscurecer y el viento es cada vez más frío. El auditorio Divino Narciso se llena lentamente. Es temprano todavía, pero minutos después, tanto el Auditorio como el Sotocoro estarán a toda su capacidad. Este año, el monumental y ya clásico Altar está dedicado a Miguel de Cervantes Saavedra (400 años de muerto), William Shakespeare (400 años de muerto) y Sor Juana Inés de la Cruz (365 años de nacimiento).
Es miércoles 26 de octubre, son pasadas las 19:00 horas; los asistentes miran en silencio el altar, el ambiente es fúnebre, pero también festivo. El día de muertos después de todo, así como sus manifestaciones culturales, se trata de celebrar la vida, sin olvidar la muerte.

La Rectora Carmen Beatriz López-Portillo Romano se acerca al estrado, se coloca frente al micrófono, mientras la audiencia guarda silencio. Para la Rectora fue muy importante que Francisco de Cervantes Saavedra, William Shakespeare y Sor Juana Inés de la Cruz; por lo cual compartió un poema de cada uno de ellos:
Aquí el valor de la española tierra, 
aquí el valor de la francesa gente, 
aquí quien concordó lo diferente, 
de oliva coronando aquella guerra; 
aquí en pequeño espacio veis se encierra 
nuestro claro lucero de occidente; 
aquí yace enterrada la excelente 
causa que nuestro bien todo destierra. 
Mirad quién es el mundo y su pujanza, 
y cómo, de la más alegre vida, 
la muerte lleva siempre la victoria; 
también mirad la bienaventuranza 
que goza nuestra reina esclarecida 
en el eterno reino de la gloria.
Miguel de Cervantes Saavedra
Si la muerte conmina el poderío 
del bronce roca y tierra y mar sin límites, 
¿cómo le haría frente la hermosura 
cuando es más débil que una flor su fuerza? 
Con su hálito de miel, ¿podrá el verano 
resistir el asedio de los días, 
cuando peñascos y aceradas puertas 
no son invulnerables para el Tiempo? 
¡Atroz meditación! ¿Dónde ocultarte, 
joyel que para su arca el Tiempo quiere? 
¿Qué mano detendrá sus pies sutiles? 
Y ¿quién prohibirá que te despojen? 
Ninguno a menos que un prodigio guarde 
el brillo de mi amor en negra tinta.
William Shakespeare

Este que ves, engaño colorido, 
que, del arte ostentando los primores, 
con falsos silogismos de colores 
es cauteloso engaño del sentido; 
éste, en quien la lisonja ha pretendido 
excusar de los años los horrores, 
y venciendo del tiempo los rigores 
triunfar de la vejez y del olvido, 
es un vano artificio del cuidado, 
es una flor al viento delicada, 
es un resguardo inútil para el hado: 
es una necia diligencia errada, 
es un afán caduco y, bien mirado, 
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.
Sor Juana Inés de la Cruz

Luego de compartir estos poemas la rectora hizo hincapié en que el Altar representa una dádiva por los beneficios recibidos, por el amor ofrecido o la amistad de la mirada que le da sentido a lo que somos: “Del trabajo compartido, la idea inspiradora que nutre nuestra vida. La gracia se hace patente en el don, lo que tiene gracia es lo que se da por amor, la dádiva es graciosa y valiosa porque lo que se da como pago no tiene ninguna utilidad, se da sin dobles intenciones, como la poesía, como el saber, como el amor. Las ofrendas que hoy inauguramos son un acto de amor a la vida, a nuestras tradiciones, a nuestra cultura, a nuestra comunidad, a nuestra gente; para inaugurar en honor, como hace 35 años, a Sor Juana quiero agradecer a quienes hicieron posible que podamos disfrutar estas ofrendas, a quienes idearon la distribución de los espacios, a quienes picaron el papel, a quienes montaron al Quijote, al rocinante y le construyeron su yelmo y la lanza, a quienes tejieron las alas de Ícaro a Sor Juana, a quienes le hicieron el rostro Shakespeare para reflejar a Hamlet, a quienes iluminaron la bóveda celeste, a quienes dibujaron los esqueletos en el teatro isabelino, a quienes colgaron los espejos para reflejar el firmamento, a quienes hicieron girar las esferas en el centro del cosmos, a quienes deshojaron los pétalos del cempasúchil, a quienes pintaron las calaveras, a quienes iluminaron el camino de los muertos con flores.”
“Tejer y destejer la vida”, una exposición tejida
Minutos después los invitados se dirigieron a la Colección de Indumentaria mexicana “Luis Márquez Romay” para admirar el trabajo exquisito de más de 70 tejedoras y tejedores que colaboraron para llenar una sala entera de mariposas blancas y para instalar una ofrenda tradicional, con la particularidad de que todos y cada uno de sus elementos fueron tejidos, la exposición lleva precisamente como título: “Tejer y destejer la vida”.
Para dar la bienvenida a este trabajo de colaboración, la Rectora dijo: “Este altar tejido por manos generosas retoma símbolos, alegorías, parábolas, emblemas, que dan razón de la vida conmemorando la muerte. Con otros ojos interrogamos el tiempo y la eternidad, lo transitorio y lo permanente, el vacío, el abismo, el ritmo de la creación. Es largo el itinerario de nuestra historia marcado por el encuentro de dos mundos, de dos sueños: el sueño del oro y el sueño de una profecía que se cumplió como destino. El furor del sueño moderno y racional que conquistó un imperio; jade, oro y turquesas, a cambio de abalorios; se aniquiló un mundo, sus dioses se desmoronaron y su esperanza no tuvo sentido; un gran silencio cubrió la tierra. La profecía se cumplió, ardió la tierra y se perdió la rueda del tiempo, los nombres divinos y las leyes de los astros. Sólo ese silencio sordo, infinito y sin esperanza nos permite intuir la dimensión de la tragedia.“
La Rectora aseguró que los dos mundos el de los antiguos mexicanos y el de los españoles se mezclaron y se nutrieron mutuamente y, por paradójico que resulte, con los muertos recuperamos nuestro pasado y nuestro orgullo, la memoria de todos nuestros tiempos, lo cual dio lugar a una de las tradiciones más arraigadas y memorables de nuestras tradiciones mexicanas.
La Maestra López-Portillo agregó: “La Ofrenda se inaugura gracias a la inventiva de Doña Martha Ríos de Molina y el apoyo incansable y la coordinación de Teresa Palerm en este Museo de la Indumentaria, es una figuración simbólica, urdimbre hecha por tantas manos que propiciaron el diálogo de todas nuestras voces, el canto y el lamento, el tiempo interrogado por el rito que vislumbra la muerte y la acaricia, la teje, la hila y la comparte. En la sala de las mariposas damos la bienvenida, aquí llegan nuestros muertos, aquí los recibimos con esas imágenes blancas tejidas de lo efímero, renacimiento y transformación, alegría y fragilidad. Por los ancestros repican las campanas, para anunciar su llegada. Cuando cambie el viento y se marchen las mariposas habrá que sembrar. Al fondo de otra sala adivinamos el nacimiento a través del ‘cihuapilli’, ‘totonqui’, ‘tlatilli’, ‘tzintli’ y ‘xaxantli’, la imagen tejida de la vulva, la vagina y la matriz. La sangre primera que dota de fuerza al universo y lo transforma, gotas de sangre que dan vida y que la quitan; en las caras de la luna vemos reflejado nuestro destino. En la última ofrenda revivimos esta tradición ardiente y festiva. A través de la música, las flores, el pan, los alimentos, el agua y el vino ofrecemos esta fiesta colorida a nuestros muertos y a nuestros dioses y los invitamos para que bajen de nuevo a cantar y a bailar con nosotros. Ahí de pie, siempre de pie está Sor Juana defendiendo el derecho a la palabra, al conocimiento, a la libertad, a las propias creencias. En el libro tejido la voz que ella les da a los primeros mexicanos para oponerse a la opresión y a la violencia.”
La Rectora resaltó el espíritu libre de Sor Juana, mismo que comparte y fomenta esta Universidad; además agregó que en este recinto encontramos en diálogo la vida y la muerte, lo divino y lo terreno, el cuerpo y el alma, la totalidad del ser que somos, ante nosotros, ante los otros, ante el mundo, ante lo que nos trasciende, ante la muerte, ante la vida, ante esa vida de la que somos responsables.
Los asistentes fluían sin cesar del Altar de muertos a la exposición “Tejer y destejer la vida”; hasta que la noche avanzó y las veladoras se apagaron hasta nuevo aviso y el olor a copal se dispersó.

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