Celdas Literarias entrevista a Alberto Chimal

La entrevista estuvo a cargo del doctor Fernando Montoya, director del Colegio de Filosofía y Letras de la UCSJ y director de la revista Celdas Literarias, así como de las estudiantes de Escritura Creativa y Literatura, Valeria Lailson y a Sara Aquino. La conversación se llevó a cabo a través de videollamada el día 7 de julio a las 11.00 horas.

Dentro de tus narraciones podemos encontrar un juego entre lo natural y la ficción, ¿cómo mantienes o planteas el equilibrio entre ambas?

Alberto Chimal: Por una parte creo que no es posible escribir de otra cosa que no sea la realidad, porque todo es igual: la mesa, los sueños, las fantasías que me invento; el autobús o coche que subo en las mañanas. Todo es lo mismo en diferentes niveles o formas. Entonces por más raras o locas que sean las historias que se están escribiendo se hace desde un cuerpo físico en un entorno físico.

Por otro lado, creo que finalmente estamos escribiendo sobre nuestra vida y la de otras personas. Para establecer comunicación tiene que haber una presencia de algo que podamos reconocer. A partir de esto podemos empezar a fantasear o soñar. Por ejemplo, El señor de los anillos empieza en una comunidad que cotidianamente vive una vida “normal” o Harry Potter que empieza con un niño maltratado en casa y, después, descubre más cosas que no cancelan las otras. Es decir, cada vez que se acaba un año de educación tiene que regresar a casa. El equilibrio no es la mejor palabra para describir lo que sucede, pero para mí, la tarea es plantear una relación significativa entre estos dos aspectos de la narración cuando se utiliza la imaginación fantástica. La base cotidiana, naturalista y esa otra capa que se pone encima: la magia para volverla más significativa, interesante y reveladora.

¿De dónde nace la idea del libro "Gente del mundo"? ¿Parte de alguna etimología específica o de algún imaginario en particular?

AC: El libro parte de tres lecturas que para mí fueron muy importantes. La primera es un libro llamado Kalpa imperial de Angélica Gorodischer una escritora argentina; Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino y El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien. En ese orden las leí. Estaba pensando en esos mundos extraños y fantásticos con nombres inventados y circunstancias inusuales, pero que se relacionan con el mundo real.

Los nombres inventados en mi caso vienen, no de una etimología particular, pero sí de pensarla como concepto. Tolkien es el experto y nadie ha podido hacer lo que él hizo, porque pasó 70 años de su vida haciéndolo. Él era filólogo a eso se dedicaba. Sus novelas se derivan de sus intereses en la filología, lo cual es una cosa rarísima e imposible de replicar. La mayoría de las personas que intenta hacer literatura fantástica suelen usar nombres anglosajones en sus personajes como Robert, John o Maxwell. En otros casos, se inventan una especie de etimología light con sílabas anglosajonas en otro orden y yo no quería hacer ninguna de las dos cosas.

En ese tiempo pensaba que no tenía ni el conocimiento ni el ánimo para sentarme 70 años a trabajar en etimologías propias. Lo que hice fue inventar pequeñísimos fragmentos de un idioma en los nombres; cada pueblo que aparece en el libro tiene nombre en una lengua distinta. Esto se logra a partir del ordenamiento de los fonemas y la longitud de las palabras. Alguna persona con mucho tiempo podría inventarse, a partir del sonido, un idioma distinto para cada pueblo, pero la intención era sugerir que ese idioma podía existir escrito y dejar en claro que ninguno de estos pueblos está descrito como en las historias de fantasía heroica convencional.

La siguiente pregunta tiene relación con Twitter. Utilizas esta plataforma para talleres y propuestas literarias ¿Cómo las redes sociales, y en específico Twitter, se usan para ejercitar la creación literaria?

AC: Algo que me gustó al comienzo de mi trabajo fue la minificción, historias sumamente breves. Entonces un espacio tan pequeño como el de Twitter, no implica un problema de estímulo creativo. Es decir, la pregunta es ¿cómo hace uno para comprimir algo muy grande en un espacio tan pequeño? Pues es lo que han hecho bastantes escritores a lo largo de los siglos cuando trabajan con formas preestablecidas muy específicas como el haiku o el soneto. Son medidas muy claras, inviolables en principio, que representan un espacio pequeño con un escaso margen de maniobra. Pero a fin de cuentas hay haikus, sonetos, epigramas, aforismos y toda clase de textos brevísimos espectaculares. Las personas que los hacen se apropian de la forma, la consideran una base para construir.

¿Cuáles son los principales obstáculos que tiene para realizar un taller en línea?

AC: En este momento las circunstancias nos obligan a pensar talleres en línea en vez de talleres presenciales. Hay dificultades entre uno y otro debido a que la tecnología y las relaciones humanas juegan un papel muy grande en cualquier tipo de reunión que hagamos.

Los talleres presenciales necesitan una atención constante por parte de quienes lo imparten. Por ejemplo, observar la conversación para evitar que se pierda en algún tema que no sea importante o que degenere en ataques personales. A mí me importa mucho generar espacios seguros. Una de las dificultades del taller presencial es que debe realizarse considerando todas las posibles reacciones que pueden ocurrir.

Eso cambia muchísimo en los talleres en línea porque el lenguaje corporal queda reducido. La atención tiene que dosificarse de otra manera y es posible moderar mejor la reunión. Hay herramientas para fijar turnos, estrategias para mantener el orden, pero lo que se gana con eso se pierde en la interacción cercana. Los seres humanos estamos acostumbrados por miles de años de cultura y convivencia de la especie a mantenernos cerca. Estamos en un momento donde debemos acostumbrarnos a ciertos detalles del contacto humano que se ven mediados por la tecnología. Por ejemplo, ustedes tienen que escuchar lo que estamos diciendo, observar las caras de otras personas y tratar de armar la idea de una conversación compartida, aunque estemos en otros lugares, y desde unos ángulos distintos. Existen señales evidentes de una separación y a pesar de eso tenemos que construir una unidad.

¿Cómo se diferencia la fantasía de Harry Potter, desde un punto simbólico y mitológico, a comparación de los cuentos de Borges que plantean mundos irreales y filosóficos? ¿Con cuál te sientes más identificado?

AC: Creo que la fantasía es una etiqueta, me interesa mucho escribirla y leerla, pero esta denominación sólo es una etiqueta que se pega en ciertos libros, películas, historias que va cambiando con el tiempo. Esto es importante decirlo porque para un autor como Borges del siglo XX la distinción entre su obra y la de J. K. Rowling, no hubiera tenido sentido. Borges estaba pensando, igual que lo pensaba Bioy Casares, Juan José Arreola como otros autores que proponían este tipo de literatura en aquella época, una visión amplia de lo fantástico sobre todo en América Latina.

Cuando sale la Antología de la literatura fantástica que publicaron Borges, Casares y Silvina Ocampo, lo que muestran ahí es un abanico de diferentes enfoques sobre la narración de lo fantástico. De hecho hay varias narraciones que no están exactamente en el ambiente de J. K. Rowling, pero son parecidas, porque hay un entorno relacionado con la cultura inglesa. Personajes de diferentes edades, conflictos amorosos, sentimentales, laborales que de alguna forma se relacionan con lo fantástico. Lo que pasa es que esta etiqueta se ha modificado y vuelto a usar para identificar ciertos tipos de obras, casi todos originadas en el mundo de habla inglesa, y utilizando ciertos modelos muy específicos.

La historia de guerras y política mezclada con magia en un entorno medieval, como Game Of Thrones, visto desde el punto del comercio de los libros; es fantasía, y lo demás quién sabe qué es.

Entonces hay que tener cuidado a la hora de considerar estas cuestiones porque el nombre nos puede llevar a un error. Lo fantástico es un territorio enorme, abarca narraciones que ya tienen su estante reservado en una librería, y otras que no. Hay historias en las cuales lo fantástico es algo que aparece de pronto, o en fragmentos muy precisos y todo el mundo se desconcierta porque no sabe cómo llamarlo.

Esa es la discusión de Juan Rulfo, por ejemplo, hay gente que le dan convulsiones y echa espuma por la boca cuando alguien menciona la posibilidad de que Pedro Páramo tenga tintes fantásticos. Porque hay un prejuicio en contra de este tipo de literatura. ¿Cómo San Juan Rulfo va a querer hacer algo tan horrible? Cuando lo cierto es que en su novela hablan los muertos y pues es ahí donde hay un elemento de invención fantástica más allá de la descripción de lo estrictamente natural. Llámenlo metáfora, símbolo ó como quieran pero eso es lo que está contando en el texto.

Para volver a la pregunta, yo creo que hay que abrazar y encontrar tantas formas de lo fantástico como se pueda. Porque uno nunca sabe en dónde va a aparecer un recurso útil para la escritura, alguna idea nueva o simplemente una experiencia placentera. Que también uno las merece cuando escribe porque se es lector.

No me gusta toda la serie de Harry Potter, mi tomo favorito es el tercero: El prisionero de Azkaban. Así como la obra de Borges no me gusta toda y no veo porque tendría que gustarme y defenderla acríticamente. Me gusta pensar en lo fantástico no como un género, sino como una herramienta o recurso que evoluciona. Es muy útil para comunicar lo que llevamos dentro, lo que no está en el universo tangible, sino en nuestra conciencia.

¿Qué autores mexicanos han influenciado en tu escritura?

AC: Se encuentran Juan José Arreola, Francisco Tario, Amparo Dávila quien hasta tuve el gusto de conocerla, fue muy lindo y triste cuando falleció. Hay un autor muy loco que se llama Pedro Miret les recomiendo mucho. Otra escritora que les recomiendo es Gabriela Rábago Palafox ella escribía ciencia ficción, horror y desgraciadamente su obra es muy difícil de conseguir porque murió sin testamento. Los derechos están en el limbo y eso ahora es un problema muy serio. Ha sido muy difícil tratar de recuperarla, ella fue la primera mujer en ganar un premio importante de cuento en los años 80 : era el Premio Puebla. Era el único premio que se daba en México a la ciencia ficción. Lo ganó con un cuento que se llama Pandemia; si ustedes lo leen ahora parece que se asomó a la ventana del 2020 y es un cuento de 1987 o 1988, una gran escritora. Escritoras como Guadalupe Dueñas, Inés Arredondo, Elena Garro, o bien Leonora Carrington, quien no era mexicana por nacimiento, era como Chavela Vargas: por adopción.

En el siglo XX se intenta explorar un poco más de lo extraño, entonces llega Verónica Murgía, una gran narradora y Bernardo Esquinca especialista en literatura de horror. Un autor super raro que yo conocí personalmente y no ha publicado casi nada es Ricardo Bernal, imposible de conseguir, pero en el momento en que lo leí me pareció super interesante.  Seguro ahorita que cortemos me voy a acordar de otros veinte. Uno puede encontrar estímulos en todos lados incluso en obras que no está etiquetado en lo fantástico.

Yo digo que el texto fundacional de lo fantástico en este país es el Primero sueño de Sor Juana es un poema en el cual la consciencia se separa del cuerpo y se va a volar al cosmos en la búsqueda de la divinidad; cuando casi la encuentra se tiene que regresar. En el fondo es lo que pasa en la Divina Comedia. Ahí se encuentra uno todo tipo de cosas y se puede leer aquello que no entra en lo fantástico. Por ejemplo, una obra que no entra mucho en el contexto y quizá no sea la mejor de su autora, pero que a mí me pegó mucho en su momento fue Hasta no verte Jesús mío de Elena Poniatowska. Después de las escenas de la revolución las cuales son muy movidas, tiene esta parte donde Jesusa, la protagonista, se muda a la Ciudad de México y se vuelve espiritista. Envejece, trata de comunicarse con el más allá. Esa es la parte que me fascina, porque yo digo: ¿qué onda con esta mujer? Es un trayecto interesantísimo. Me recuerda a estas biografías que van de un lado para el otro mostrando un destino muy extraño y difícil de comprender para los protagonistas. Ese es el tipo de narraciones que me gustan.

Hay un micro relato o cuento corto que nos gusta mucho, “La mujer que camina para atrás” ¿Qué te inspiró para escribirlo?

AC: La primera versión de este relato la escribí primero por encargo. Me habían pedido de una revista que si podía proponerles un cuento de miedo de cierta cantidad de páginas algo que tuviera que ver con leyendas y tradiciones populares. Desarrollé alguna cosa y poco después de entregarlo la revista desapareció. Entonces dije: ¿qué hago con esto? Me puse a revisarlo y se me ocurrió que se podía ampliarlo.

En principio pensaba en la idea de un espíritu chocarrero como La Llorona, pero en la versión más extensa se me ocurrió que podía relacionarse con la vida cotidiana. Los personajes observan en diferentes momentos de su vida esta aparición, un poco como La Llorona o personajes sobrenaturales en México. El texto se relaciona con la violencia criminal en alza de esos momentos y que se sigue viendo; era un punto muy angustioso por la evolución de la violencia. Apenas un año antes de la masacre de Ayotzinapa, lo cual fue un punto de inflexión que pasó a otro lado la discusión del tema.

¿Qué está leyendo en este momento?

AC: Justamente, me llegó el libro de Irresistible de Adam Alter, que es un libro de no ficción. Esta trata sobre las redes sociales desde Facebook hasta Tick Tock, de cómo funcionan para tenernos atentos. Como utilizan características muy profundas de la psicología humana y crean una adicción. Es una lectura dura para la época ya que tenemos que fiarnos de la tecnología. El otro libro que estoy leyendo es La maravillosa historia del español, de Francisco Moreno Fernández, que es un tratado muy ameno y habla de las diferentes etapas de la historia del castellano. Lo último que he estado leyendo es Ciudad doliente de Dios de Adriana Díaz Enciso. Novela extraña; medio fantástica e histórica. Se centra en la vida de William Blake, el poeta y pintor que decía que hablaba con los ángeles.

Alberto Chimal (Toluca, 1970) es un escritor mexicano. Se ha dedicado principalmente al cuento y la novela, así como a la narrativa experimental. También es un destacado profesor y divulgador de la escritura creativa. Uno de sus intereses principales es la imaginación fantástica: un modo peculiarmente latinoamericano, distinto del «género» fantástico como se entiende en los países de habla inglesa, y que él ha utilizado en novelas y cuentos que han recibido diversos reconocimientos.

Entre éstos se encuentran el Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí –el más prestigioso que se otorga en México a un libro de narraciones breves– por el libro Éstos son los días (2004); el Premio de Literatura Estado de México (2012) por su trayectoria; el Premio Bellas Artes de Narrativa «Colima» para obra publicada por Manda fuego (2013) y el Premio de la Fundación Cuatrogatos, que reconoce lo mejor de la literatura infantil en castellano, por su libro La Distante (2018).

Desde 1993, Chimal imparte cursos y talleres literarios; entre sus alumnos se encuentran varios ganadores de premios nacionales e internacionales. Es maestro en Literatura Comparada por la Universidad Nacional Autónoma de México. Textos suyos se han traducido al inglés, francés, italiano, alemán, húngaro, farsi, hebreo, mixe, zapoteco, mixteco y esperanto.

Vive en la ciudad de México con su esposa, la escritora Raquel Castro, y mantiene con ella un canal de video en Youtube acerca de escritura creativa, libros y otros temas afines. Es representado por VF Agencia Literaria.