Celdas Literarias entrevista a la escritora Brenda Lozano

La entrevista se llevó a cabo por videollamada el día 11 de agosto de 2020, a las 11.00 horas. Estuvo a cargo del doctor Fernando Montoya, director del Colegio de Filosofía y Letras de la UCSJ y director de la revista Celdas Literarias, así como de Valeria Lailson y Sara Aquino, estudiantes de la licenciatura en Escritura Creativa y Literatura e integrantes del equipo de la revista.

Cuéntanos un poco sobre el libro de Tsunami, ¿cómo nació la idea del libro?

Brenda Lozano: Me emociona mucho la pregunta, porque ustedes son mujeres jóvenes y les ha tocado los movimientos que se han dado en el país. Tsunami salió a finales del 2018 pero estas conversaciones las tenemos desde hace tiempo. Desde mi perspectiva el 16 de agosto fue una marca muy importante para el feminismo en México, en la vistosa e importante marcha del año pasado. Como saben la literatura ha sido hegemónicamente masculina y patriarcal, así que muchas de las escritoras que estamos en ese libro somos amigas o tallereamos juntas.

Tsunami nace desde lo colectivo, es el resultado de cuestionar la enseñanza donde las mujeres son tu competencia. El espíritu de ese libro es muy padre y también lo que vino después. Por ejemplo: Yasnaya Aguilar que está en Oaxaca y ha traído temas importantísimos; Sara Uribe que también trajo un tema personal y delicado; Daniela Rea que desde el periodismo nos regala una crónica de su maternidad y lo doméstico en la forma de trabajo; Margo Glantz, una diosa de 90 años y Jimena González , estoy muy orgullosa de que esté en ese libro, tiene 20 años. Puede sonar a antología, pero la literatura que nace de nuestro quehacer en el periodismo y distintos flancos abre muchas conversaciones. Saber que eso se puede hacer desde un lugar, que originalmente era hegemónico y patriarcal, es una forma de cuestionar y ocupar ese espacio.

La siguiente pregunta es sobre tu libro de brujas ¿Para ti qué es lo femenino? ¿Cómo piensas que lo retrataste en tu libro?

BL: Estaba rodeada todo el tiempo de preguntas, y yo tenía muchas ganas de contestarlas desde la ficción, más allá de hacer un ensayo y aproximar respuestas. Me interesa mucho plantearme preguntas e ir atrás, porque creo que lo emocional te arroja luces sobre el presente. Si el pasado puede estar al servicio del presente, como las veces en las que la has cagado, o las cosas que se establecen culturalmente como el trato hacia la mujer ¿De dónde vienen? Son esas preguntas las que me hago y Brujas para mí era contestarlas. Por ejemplo, me preguntas sobre lo femenino, y yo me hacía las preguntas: ¿cómo es un personaje Muxe?, ¿cómo es alguien no binario?, ¿cómo es alguien trans en una comunidad? o ¿cómo es una mujer en la ciudad? A mi me interesaba que las preguntas se contestaran, pero solo las puse en escena, en dos contextos; en la ciudad y en el campo, y me interesaba ver cómo era el mundo desde ahí.

Hay cuatro personajes en Brujas, dos en la ciudad y dos en el campo. Me interesaba mucho que la protagonista fuese una mujer de una comunidad originaria, muy bajita, porque la corporalidad a veces se liga con el poder. La idea de las Brujas que sale en este ensayo de Silvia Feredrici que se llama Calibán y la Bruja me abrió muchas puertas para entender esa figura. Pensemos en la caricatura de Blancanieves, la bruja vestida de negro con una verruga y con pijama que le cubre todo el cuerpo. Federici dice que las brujas estereotípicamente no eran sexualidades, no participan del capital porque viven apartadas, no participan de la medicina pues sus curas son alternativas. Entonces eso es un concepto muy elástico, y lo interesante es que es elasticidad en lo femenino. En la poesía medieval el papel de las mujeres es el estereotipo en el extremo. Mujeres limpias vestidas de blanco, hay algo ahí con el blanco; la virginidad, la fertilidad, la juventud, el ser pareja de un hombre o ser hija de algún rey, en fin, es muy interesante ese estereotipo y me interesaba mucho cuestionarlo.

Lo femenino desde una mujer que no está sexualizada, que no participa del capital, que no habla un idioma hegemónico. A mi me surgían preguntas del cómo lo iba a hacer, porque yo vivo en una ciudad, me hacía preguntas sobre apropiación ¿qué hago? ¿Me meto a estudiar la musicalidad del mazateco o del zapoteco?

Afortunadamente para eso está la ficción, para imaginar y ese era para mí el gran reto. Juego con ganas de imaginar cómo era una mujer así en este país tan violento, en este presente, en tiempos de Instagram, cómo sería una mujer que no tuviera el poder del capital, sino de sus palabras. Me interesaba desplazar todo eso y crear un personaje que tuviera potencia, sin poder económico y en mi fantasía más ingenua la súper heroína sería alguien con el poder de la palabra, no el que vuele, explote, o haga pirotecnias. Eso para mí es la búsqueda de lo femenino.

El personaje principal del libro Brujas, es una mujer muxe y su poder es la lengua, ¿asocias esta misma con la curación?

BL: La verdad hay muchas formas de abordarlo, pero desde mi pequeño punto de vista, pienso que la palabra ciertamente tiene un poder curativo. Por ejemplo, la palabra orden no me gusta porque entonces implica que el desorden es todo en lo que podemos sentirnos inferiores o enfermos. Comer y pesar ciertos kilos significa que estás dentro de un orden alimenticio, pero si tienes un desorden alimenticio significa que comes poco o comes más. Todo lo que entra en el orden y el desorden me parece complejo, porque un desorden de cualquier tipo implica casi como una norma en sociedad que difícilmente da espacio para la vida misma ¿quién determina que es un orden y que no?

Por un lado, pareciera que las palabras ordenan, pero no. Por ejemplo, cuando volvemos al pasado de una anécdota una y otra vez, pareciera que desordenamos y en ese sentido el pasado es tan inestable como el futuro. Hay un punto donde son bien parecidos, desordenados, aparentemente ordenados por la memoria y por las palabras. Yo tuve un novio en la prepa que quise mucho y me llevaba mucho con su papá, a la fecha es un señor que recuerdo con mucho cariño porque platicamos y lo recuerdo como una persona admirable. Él me platicaba mucho sobre su quehacer como psiquiatra, me contó que el estaba haciendo estudios sobre psiquiatría en pacientes que habían perdido a seres cercanos por suicidio. Me contaba que a nivel neuronal un evento traumático pasaba de una parte de la corteza del cerebro hacia otro espacio con las terapias. Verbalmente el hecho de narrar un evento traumático podía mover de lugar las cosas.

Nombrar algo es parte de la existencia y la razón de nuestra existencia. En el talmud se piensa que las personas nacemos con cierta cantidad de palabras que nos insufla vida, una vez hemos pronunciado esa cantidad de palabras que nos dio Dios dejamos de existir porque ya las agotamos. Medir en palabras a las personas me parece muy hermoso pero también terrible. Pienso que es un concepto muy bello existir a través del nombrar y que somos a través del lenguaje. Creo que ahí viene algo muy particular de lo siniestro que es cuando los animales nos imitan, como si fueran un eco. Está el caso de Robinson Crusoe, en donde un perico dice el eco de un personaje, esa voz y esas palabras son las que nos pueden desordenar en un sentido más amplio y humano que el mismo orden.

Retomando tu experiencia de la palabra y el lenguaje, ¿cuáles fueron tus primeras experiencias con las palabras y la literatura?

BL: Lo voy a decir con mucha vergüenza y te voy a contestar como mamá con el álbum infantil porque tengo muchos recuerdos de niña. Yo me llamo Brenda y cuando eres niña es muy difícil pronunciar la erre. Me acuerdo de que alguna vez alguien me dijo que yo no sabía ni pronunciar mi nombre, me enojé muchísimo, ese día llegué a mi casa y me propuse pronunciar la erre; entonces yo exageraba muchísimo la erre y mis papás estaban muertos de risa. Tengo muchos recuerdos lingüísticos, me acuerdo de estar desesperada por no poder platicar con mi hermano que era un bebé. Los recuerdos con el lenguaje tienen que ver con una fijación que a ti te logra conectar en el mundo, recuerdo que me encantaba platicar con mi hermano porque para mí la conexión con mi hermano era el habla. Estoy diciendo cosas muy sencillas pero para mí va por ahí, no comparto mi camino con mi familia, no puedo platicar esto con ellos porque cada uno tiene su camino distinto.

Entonces para mí son vínculos, yo no crecí en una familia con libros ni en donde hubiera en un entorno intelectual. Yo llegué por curiosidad y me fui por ahí muy libremente. Todo lo que tiene que ver con la palabra, los relatos, las historias, el análisis, me estimula mucho y para mí es una fuente de placer. Es muy curioso porque puedo leer algo y lo disfruto igual que cuando tenía 13 años, además de que tengo una mente muy activa y cuando estoy leyendo me dan ganas de escribir.

Con la pandemia y la imposibilidad de las marchas, ¿tú cómo piensas que podemos tener nosotras esa presencia?

BL: Bueno es una pregunta que no tengo respuesta, pero desde mi lugar haré lo que pueda hacer, escribir para el periódico. La realidad es que no podemos hacer en México una marcha de esa magnitud, siendo uno de los países con mayores muertes por Coronavirus, y parte de cuidarnos implica tener en cuenta también eso. Creo que cada uno hace lo que puede desde su lugar, podemos estar juntas, tengo la sensación de que la pandemia no disuelve las luchas sociales, ni las posturas políticas. Al contrario, si algo ha hecho es evidenciar estas violencias, en el encierro las mujeres que se la han pasado con su agresor han destapado muy negativamente los números de violencias intrafamiliares y de estas mujeres acudiendo a los centros de ayuda.

No sé, es una muy buena pregunta, tendremos que repensarlo como hemos tenido que repensar muchas cosas para ver cómo nos seguimos acompañando. La respuesta como tal no la sé, pero me la haces y tiene mucha importancia que me la hagas porque yo me pongo a pensar cómo le vamos a hacer.

¿Cuáles son las mujeres que te hicieron repensar cómo mujer?

BL: Qué buena pregunta, creo que a ustedes por suerte les toca un camino más grande, yo por ejemplo cuando estudiaba literatura, quise plantear mi tesis de maestría sobre Josefina Vicens que fue una de las primeras mujeres que más me abrieron el mundo. En medio de Juan Rulfo y Octavio Paz está esa joya que es El libro vacío, cuando me acerqué a un asesor me dijo que él no podía llevar una tesis sobre una escritora menor, si escogía a alguien como Borges o Rulfo, entonces sí. Ese fue un shock muy grande porque no importa por donde le piques piedra, la academia no te va a permitir hacerlo. En ese sentido fue muy contradictorio, porque justamente Paz le decía a Josefina “peque” como diciendo que es la escritora pequeña, y me causaba mucho conflicto.

Luego llegué a Rosario Castellanos, me voló la cabeza Cartucho de Nellie Campobello, y cuando la fui descubriendo empecé a regalarles ejemplares del libro a mis amigas. Y ellas fueron para mí puertas muy grandes, en esa época en medio de la novela de la revolución había alguien como Campobello. Me interesa leer esas voces hasta no binarias, que se está haciendo.

¿Qué estás leyendo en el encierro?, ¿estás escribiendo algo nuevo?

BL: En este momento estoy leyendo literatura medieval porque hay algo en las voces de la tradición católica que fueron transcritos por monjes católicos. Hay algo muy interesante con respecto al uso de la tercera persona en los poemas, es interesante porque implica una jerarquía, un poder, una dominación sobre los personajes. Es un punto de vista cenital de que lo sabe todo y hay una sensación de control con respecto al lector. También terminé hace poquito Un montón de escritura para nada, el último poemario de Sara Uribe que está maravilloso.

Brenda Lozano. Ciudad de México, México, 1981. Narradora, ensayista y editora. Estudió literatura en México y Estados Unidos. Ha sido becaria del programa Jóvenes Creadores del FONCA, ha tenido residencias de escritura en Estados Unidos, Europa y América del Sur y ha sido antologada en diversas ocasiones. Edita en la revista literaria Make de Chicago y es parte de la editorial Ugly Duckling Presse de Nueva York. Fue profesora del Taller de Narrativa de la licenciatura en Escritura Creativa y Literatura de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Su primera novela Todo nada (Tusquets, 2009) será llevada próximamente al cine. Cuaderno ideal es su segunda novela (Alfaguara, 2014) y este año saldrá el libro de cuentos Cómo piensan las piedras. En 2015 fue reconocida por el Conaculta, Hay Festival y el Consejo Británico como una de las escritoras menores de 40 años más importantes de su país. Actualmente vive en la Ciudad de México. Brenda Lozano ha sido incluida en la lista Bogotá 39 (2017) de los mejores escritores de ficción menores de 40 años de América Latina. Recientemente ha publicado su novela Brujas.