Entrevista con Karina Sosa

La entrevista se llevó a cabo por videollamada el día 08 de julio de 2020, a las 10.00 horas.

El doctor Fernando Montoya, director del Colegio de Filosofía y Letras de la UCSJ y director de la revista Celdas Literarias, introdujo a Karina Sosa sobre el motivo de la entrevista y presentó a Valeria Lailson y a Sara Aquino, estudiantes de la licenciatura en Escritura Creativa y Literatura e integrantes del equipo de la revista, como las encargadas de llevar a cabo la entrevista.

¿Cuál ha sido la influencia de las bibliotecas oaxaqueñas en tu formación como lectora y escritora? ¿Podemos verlas como un refugio?

Karina: Es un ejercicio vital para la formación de un ser humano, creo que si uno desea heredar algo a sus hijos o alguien que ama mucho debería pensar en un par de libros. La esencia de quien forja una biblioteca se transmite a quien la leerá y yo tuve la enorme fortuna de formarme en la biblioteca del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, es como mi casa. Trabajé ahí como bibliotecaria y a veces bromeaba con mis compañeros sobre la idea de poner camas o hamacas para que los bibliotecarios, al terminar nuestro trabajo, nos quedáramos a dormir ahí porque era realmente placentero estar tanto tiempo en ese lugar.

Es una biblioteca de estantería abierta, tú puedes ir y tomar el libro que quieras y tenías la oportunidad de encontrarte a su fundador: Francisco Toledo.  Él forjó esa biblioteca pensando precisamente en una Oaxaca que no es la que es hoy. Oaxaca es un Estado pequeño y puedes recorrerlo caminando, pero en los 80 's no tenía tantos recursos culturales como los tiene hoy. Por ejemplo, tiene un Museo de Arte Contemporáneo o el Centro de las Artes de San Agustín en un lugar paradisíaco rodeado de árboles y que el maestro Toledo fundó.

Francisco Toledo pensó que la cultura era crear espacios para los que venían detrás de él, era muy feliz cuando te encontraba leyendo, le daba mucha curiosidad. A veces te preguntaba qué leías, si eras su amigo se acercaba y conversaban acerca de ese autor o autora. A mí me parecía muy extraño porque él conocía casi todos los libros que estaban en su biblioteca, revisaba las donaciones y determinaba si estas servían para estar allí o las destinaba a escuelas del estado, reclusorios o lugares donde creía hacían falta. Él seleccionaba la lista de las compras con ayuda de sus bibliotecarios y todo el tiempo nos preguntaba: ¿Qué están leyendo? Le daba curiosidad ver los registros de la gente que iba a leer. Creo que mucho de eso está en esta biblioteca porque te habla del deseo de explorar, no quedarte con una corriente literaria y eso permite al lector tener curiosidad y descubrir nuevos autores. En esa biblioteca descubrí, por ejemplo, a Robert Walser, Joseph Roth, Unica Zürn, Henry Miller, Benjamin Péret. Descubrí autores muy distintos y releí libros que había leído en mi casa, formé lo que yo creía mi identidad literaria. Creo que una biblioteca es lanzar un conjunto de pistas sobre el mundo para que el lector los encuentre y forme un camino propio en el laberinto que es la existencia.

¿Cuáles fueron los autores o los libros que te inspiraron para crear Caballo fantasma?

K: Fueron una serie de libros, pero sin duda Ana Karenina de Tolstói me influyó mucho porque fue la primera vez donde me di cuenta de que los caballos siempre están de fondo. Aparecen acompañando nuestra angustia, pero nunca participan de esta, porque son una figura de la melancolía. Yo pensaba mucho que Alberto Durero en sus dibujos de La melancolía, tendría que haber hecho más caballos, porque a mí me parecen cargados de esta tristeza que les hemos legado los humanos a sus espaldas.

Después de eso, pensé en algunos libros en la Biblioteca del IAGO que hacían anotaciones sobre la historia de las plantas y los animales. Ahí decía que los caballos acompañan las batallas, estos son representados como toda mansedumbre, casi ninguno se revela. Yo deseaba escribir un ensayo sobre la historia de los caballos en la literatura, pero esta se fue desviando y empecé a contar sobre una chica que se obsesiona con conocer sobre ellos. Otro libro que me inspiró se llama Job de Joseph Roth, pues tiene que ver con la idea del sufrimiento. El autor dice en algún momento que su sufrimiento lo llevó a ser feliz al final porque es la historia de un chico que nace en una familia, el padre es una guía espiritual para el pueblo, y el chico nace con padecimientos físicos y mentales. En este libro el autor habla de la vergüenza que siente el papá por no aceptar a su hijo imposibilitado para la vida y belleza. Utilicé el concepto de la relación padre hijo, para conceptualizar en este caso el de la madre con su hija, y de un padre que es un fantasma, que está pero no está. Yo relaciono estas historias con la felicidad. La literatura te salva y te permite existir.

Otra autora que me influyó fue Karen Blixen, con su libro El festín de Babette. Habla sobre la gratitud y amor a los otros de manera incondicional. Son libros que tratan los valores humanos y yo quería hablar de la ausencia, del hecho de moverse y no tener un lugar en el mundo. Me gustaría decir que es un libro hecho de muchas lecturas y de manera inconsciente, pero yo nunca planee copiar un libro, sino hablar de lo que he leído sin decirlo.

La protagonista se llama “Ka” y nos preguntamos ¿te ves a ti misma como alguien que se deja habitar por este ser "pasajero"?

K: En parte fue porque me llamo Karina y siempre he tenido esta batalla con mi nombre. No me gusta mucho, pero también por Kafka. En El Proceso su protagonista se llama Joseph K y me gustaba mucho la idea de jugar con esto, así como con la idea de que yo podía ser la protagonista o alguien muy distinto. Creo que en este caso tomé una anécdota muy pequeña de mi vida para llevarla al extremo de la ficción para decir: “sí, soy yo, pero no soy yo”. Me gustaba hacer este juego para confundir a mis primeros lectores, fueron tres personas las que leyeron el manuscrito antes de ser el libro que ustedes leyeron. En el cuento inicial con el que escribí Caballo fantasma se llamaba Un recuerdo del joven Ka entonces Ka era Kev, el amigo de Ka y él era el personaje principal, un chico muy melancólico. Luego se transformó y cambió, se convirtió en la protagonista.

Vimos cierta relación de la figura de la madre con el caballo. ¿Consideramos al caballo como un personaje en sí?

K: En la última lectura de la novela, pensé en una frase de Manuel Mujica Láinez, en su novela El unicornio. Habla de porque los unicornios, los ángeles, sirenas y criaturas mitológicas han desaparecido de la vida cotidiana. Señala que en realidad hay demasiado ruido y por eso no podemos escucharlos: no se han ido y siempre nos acompañan. Pienso que hemos dejado de escuchar lo que nos rodea y los caballos tienen su propio lenguaje, como todos lo seres que habitamos el mundo. Entonces la historia del caballo no puede ser contada por los hombres porque no los escuchamos, además de eso, creo que era muy pretencioso intentar hablar por ellos. El caballo, en la novela, se vuelve el ángel que guía, un ser mágico y extraño, el tótem del personaje, una presencia entrañable para el hombre, que no lo comprende pero está ahí.

Chéjov en el cuento de La tristeza, habla de un hombre que no puede desahogarse con otro y termina haciéndolo con su caballo. Este no le va a dará ninguna respuesta, pero si compañía y presencia. Cuando estoy muy triste, a veces mis perros son los que mejor lo saben, son los que pueden ver nuestras angustias. Porque precisamente no escuchamos y no sabemos interpretar su silencio o su compañía en nuestra vida, eso los dota de esta magia.

Nos comentabas en un principio tu experiencia en el IAGO, por lo que nos surgió la duda: ¿Por qué posicionar tu novela en el sur y en específico en Oaxaca? Cuando la mayoría de las narrativas que se escriben se hacen desde el centro de México.

K: Fue porque Oaxaca nos atrapa a casi todos los que la visitamos, por su aura antigua. Yo siento mucha tranquilidad cuando regreso de algún viaje, percibo la calma y creo que quería hablar de esa sensación. La calma de estar en casa, pero a la vez de no estar en tu sitio porque de pronto siento melancolía por vivir fuera de Oaxaca. Cuando viví en otros lugares por períodos he sentido que Oaxaca es mi lugar y quería contagiar un poco de esa sensación de calma a la novela. Sobre todo porque hay días en que el centro de Oaxaca es hermoso ya sea por sus árboles, la temperatura, por la paz, esa sensación que te da por pasear en un lugar muy bonito, pero que también puede ser un caos absoluto. Oaxaca es un lugar de contradicciones, pero que da mucha paz. Creo que la ciudad es distinta para cada habitante y cada uno la crea para sí mismo. Como Las ciudades invisibles de Italo Calvino donde el viajero ve una cosa muy particular en esa ciudad. Creo que yo quería eso, ficcionar Oaxaca y hacerla única para “Ka”. Así cuando el lector se encuentre con esta ciudad siempre le diera la sensación de calma.

¿Los personajes fueron utilizados a forma de extrañamiento o como una separación para que los lectores se puedan sentir identificados?

K: Lo que intente, fue dejar sin cuerpo al personaje, sin una presencia física, para que cualquiera pudiera habitarlo. Siento que está hecho de sensaciones, pero que de pronto le faltan ciertas características. No sé si así quedó al final porque no lo he leído en estos días, pero intento no hacer descripciones físicas de los personajes. Hay un par de descripciones, de las manos de N, me importaba mucho que estuvieran presentes porque también me interesa mucho esta figura en la historia del arte y en la literatura. En lo demás no hay una descripción, sólo sus pensamientos, emociones y sentimientos.

Existen algunas características de la madre, esto lo hice para retrasar el sentimiento de heredar algo de las personas, pero no lo logramos y no somos ellos. Quería jugar con la posibilidad de que el protagonista pueda ser alguien más, hablar más de las emociones y no de descripciones específicas. Para borrarle un poco de su cuerpo y convertirla en un fantasma. No lo había pensado pero creo que sí lo hice por eso, para que cualquiera pueda ser el narrador o la narradora.

¿Catalogarías tu libro? ¿Qué opinas de la categorización de la literatura?

K: Pues es muy extraña y obedece a nuestras aficiones. Hay ciertos métodos para clasificar una biblioteca. Por ejemplo, en el IAGO se clasifica bajo una categoría que es similar a la de Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y sí hay categorías muy específicas para hacer una lista. Al principio en la biblioteca del IAGO no estaba organizada, esa categorización llegó cuando ya había muchos libros y alguien, que no fue el maestro Toledo, dijo: se tiene que hacer una clasificación. Lo veo cuando ordeno mi biblioteca, no me gusta acomodarlos por editorial, colores o autores.

A veces los acomodo conforme los compro o los leo. Por ejemplo, hay un mueble de puros libros italianos porque me gustan mucho los escritores italianos o la historia de Italia.  Tengo un librero de los que me gustaría que estuvieran juntos aunque no compartan nada; por ejemplo, tengo a Elias Canetti junto a Valeria Luiselli o a Pablo Soler Frost. No tienen más que mi obsesión por reunirlos o para que alguien me pregunte por qué pones esto aquí, no merece estar junto a Canetti.

En la biblioteca pasaba que los lectores nos decían: este libro no debería estar aquí porque aunque su autor es tal y está junto a todos los del autor este libro es ensayo y no novela. Nos pasó con un escritor que llegó a la biblioteca y vio su libro de ensayo en la sección de novela, nos preguntó por qué estaba si debía estar en ensayo y él lo movió sin decirnos. Un día estábamos buscando ese libro y era imposible encontrarlo porque lo había movido a otra sala. Nuestros deseos hacen que nosotros pongamos una piedra donde debería ir un zapato o un zapato en una piedra entonces clasificar es una cosa que responde a nuestras manías, a lo que nos enseñaron en la escuela, pero a mí no me gusta hacer clasificaciones. Si me preguntaras si Caballo Fantasma es una novela, te respondería que sí es una novela, pero también te podría decir que es un libro de ensayos, un diario o un diario ficcionado. Sin embargo, para los que hacen libros y los venden Caballo fantasma responde a una serie de parámetros que los hombres hemos inventado para hacernos las cosas más sencillas y lograr que los lectores digan voy a leer una novela y leen este libro.

Nos contarías qué estás leyendo en este momento

K: Sí, estoy leyendo La muerte en Venecia de Thomas Man, Las Bodas de Cadmo Y Harmonia de Roberto Calasso y estoy reescribiendo un ensayo de las cucharas, entonces si alguno de ustedes sabe algo sobre las cucharas estaría increíble.