Amanece el encuentro

A Andre

Al principio te veía
con ojos ciegos de luna.


Observaba tu tranquila
voz de agua, mas no la dura
palpitación de la tierra,
porque todo mantenía
su negro velo de niebla
(como la fruta que anida
sus sabores más sinceros
tras la cáscara rejega).


Pero pronto los espectros
de la bruma dieron vuelta,
mientras de luna cambiaban
mis ojos a aurora suave,
porque el deseo inundaba
con incendios a mi sangre,
porque entré a la mirada
crepitante de este estrecho
rincón de la noche larga.


Reconocía el trayecto
de tus voces encendidas
que corren de algún encierro.
Y de tus grutas salían
centauros morados hechos
de mariposas y flores
(que metían sus secretos
en mis más desnudos nombres,
porque yo ofrendé el lecho
tibio de mis dos pupilas).


Pero todavía tengo
que entender todas las iras
escondidas en las lluvias
vespertinas; las sequías
de las palabras heridas
y el orgullo de la fría
(dura) mirada del viento.


Escrito por: Juan Antonio Bárcenas Pérez
Fotografía por: Katya S. Ballesteros Rosales