Eso, o los horrores de lo innombrable

  1. Frente al abismo de oscuridad

El primer momento en que George Denbrough, de seis años, experimenta un temor sobrecogedor es cuando tiene que bajar las escaleras al oscuro sótano de su casa. Su hermano mayor, Bill, le está construyendo un barco de papel y para que pueda flotar en el agua, necesita cubrirlo de parafina, la cual está en el sótano. Debido a las poderosas tormentas que han azotado Derry llevan varios días sin energía eléctrica. George, resignado, desciende a la oscuridad.

Todos podemos compartir el temor de Georgie. En la oscuridad perdemos la  noción de límite, de perspectiva, de espacio y hasta de nuestro propio cuerpo. La idea del niño que debe descender a la oscuridad y enfrentar los misterios y criaturas que ésta oculta, es la primera metáfora de los acontecimientos que veremos a lo largo de Eso, de Stephen King.

La novela, escrita en 1986, narra los acontecimientos sobrenaturales que ocurren en un ficticio pueblo de Maine llamado Derry, el cual parece estar a merced de una fuerza maligna que aparece cada 27 años para causar acontecimientos terribles y cobrar las vidas de muchas personas, especialmente niños.

El ente maligno responsable de estos acontecimientos no posee una forma definida, ni tampoco un nombre. Dado que requiere del miedo de quienes viven en Derry para nutrirse y subsistir, es capaz de transformarse en todo aquello que aterroriza a quien se encuentre con él. En ese sentido, la creación de King nos habla de un mal tan terrible que es capaz de adaptarse a lo que cada individuo considere lo más abyecto, lo más sedicioso, lo más terrorífico. De ahí que haya sobrevivido por generaciones, desde la conformación del pueblo hasta los años ’80 del siglo XX, pues ¿cómo se puede destruir algo que no se sabe qué es, o cómo se ve, ni cómo se llama?

 

  1. Geografía del horror

La literatura de horror, en tanto género, como es bien sabido, se consolida a finales del siglo XVIII y se desarrolla en el siglo XIX. Una de sus expresiones es la literatura gótica. No es gratuito que el nombre del género provenga de la arquitectura, cuando por definición las novelas “góticas” requieren la construcción literaria de la espacialidad; la superposición de lo abierto y lo cerrado, lo laberíntico y lo sagrado de los antiguos conventos y los castillos medievales. Este principio ha sido fundamental en el desarrollo del género de horror. Si bien lo ominoso puede manifestarse en cualquier lugar, un buen escritor sabe cómo construir los escenarios y los ambientes para que éstos enmarquen la emergencia de lo sobrenatural.

En Eso, la acción se desarrolla en un lugar muy específico: el pueblo de Derry. La geografía de este lugar se describe desde el inicio de la novela, cuando seguimos al pequeño George y su bote por la calle Witcham y su intersección con Jackson, donde está la alcantarilla en la que encontrará su muerte. Podemos esquematizar dónde se encuentran las casas de los protagonistas; la escuela, la biblioteca, los Barrens, el río Kenduskeag y por supuesto, la casa que esconde el pozo. La precisa descripción de la geografía vuelve el pueblo algo muy concreto, tangible. La construcción literaria del espacio no sólo está en la descripción, sino en la propia conformación narrativa de la novela. Breves pasajes que intercalan pasado y presente, hechos y memoria, hermanan tiempo con espacio. Permiten ver una imagen del Derry de los cincuentas, con los problemas de la época (como la discriminación racial) y lo yuxtaponen con el de los ochenta (con la epidemia de sida y el bar Falcon).

En Derry existe una geografía exterior, visible, compuesta por calles, ríos y edificaciones y otra que no se puede ver; donde la latencia del mal subyace. Esta otra geografía, la del drenaje, corre a la par de la exterior; es la correspondencia entre aquello que se desecha y se esconde, con lo que se exhibe y se preserva. Lo visible y lo oculto, dicotomía en cuya tensión se manifiestan los claroscuros de la naturaleza humana.

 

III. Muerte por agua

La presencia de Eso es anunciada por lluvias torrenciales que traen consecuencias terribles en Derry. Para el imaginario occidental, la fuerza del agua representa el poder de una naturaleza frente a la cual el ser humano está inerme, y que

 

representa un castigo para erradicar aquello que está mal y permitir el ascenso de una vida renovada.

En Eso, la torrencial lluvia también anuncia un nuevo ciclo, pero no del ser humano, sino de la entidad que ha regresado. El agua se transmuta en una metáfora que ya no refiere a la limpieza o la purificación, pues ésta corre por el drenaje y lleva consigo los desechos de los pobladores de Derry, incluidos los cadáveres que Eso va recolectando; el agua es símbolo de putrefacción, de estancamiento y hedor. Bajo un aparentemente plácido pueblo, el drenaje lleva su verdadera naturaleza en un laberinto de canales que se bifurcan, tuercen y enredan entre sí. Cuando los niños primero, y los adultos en que se convertirán después entran en él, entienden que están en una trampa como aquella en que Teseo ingresó para enfrentar al monstruo del Minotauro. No sólo el laberinto esconde a la bestia amenazante, sino que el propio laberinto puede provocar la muerte por desesperación de quien se pierda en él.

Por otro lado, el agua subterránea también remite a los lagos y ríos del inframundo. Dante describe en el Infierno de su Comedia a cuatro: el Aqueronte, la laguna Estigia, el Flegetonte y el río Cocito. Cada uno es, a la vez, el escenario de una tortura a la  que las almas están condenadas. Así como en Dante el mal mora en las entrañas de la tierra, en Eso la entidad se esconde en el drenaje, alegoría de una suerte de Pandemonio gobernado sólo por él, compuesto por túneles interconectados por los que corre aquello que la ciudad desecha pero también lo que no soporta ver. El descenso de los personajes para enfrentar a Eso es una suerte de catábasis moderna en la que, como Orfeo, buscarán a la mujer perdida para rescatarla de las garras de la muerte.

 

  1. Aquello de lo que no se habla

La entidad maligna que protagoniza la novela no tiene nombre, ni forma definida, como ya se ha dicho. Para poder hablar de ella, el único recurso es el pronombre “eso”, de naturaleza impersonal, que no determina sexo. Expresa una cercanía de la cosa referida con el receptor, lo cual sugiere una inquietante relación entre “eso”, los personajes de la novela y los lectores.

 

La gran pregunta que se desarrolla a lo largo de la novela es qué es “eso”. De las distintas formas que la entidad adopta, la más icónica es la del payaso Pennywise, pero también lo vemos en forma de leproso, de hombre lobo, entre muchas otras. Eso adquiere temporalmente la identidad de los miedos más profundos de sus víctimas, pero esto nos habla no sólo de la sed de sangre de la entidad maligna sino de lo que verdaderamente alimenta el horror de la novela.

Eso no existiría si no encontrara en Derry un campo fértil de perversión y maldad. El porqué la entidad parece tener un particular interés en los niños como su alimento no es un mero capricho del autor. Los chicos que forman parte del club de los perdedores son todos parias, excluidos y víctimas de diversas expresiones de una terrible violencia. Lo peor es que los responsables de esto son, en varios casos, sus propios padres: Eddie es sometido por su ideática madre a tratamientos médicos falsos que permiten a esta mujer manipular a su hijo para mantenerlo a su lado; Stanley es sujeto al rigor de un padre cuyas expectativas no se siente capaz de cumplir; Harry, el bully del pueblo, es golpeado brutalmente por su padre. Y por supuesto, en primer lugar, está el caso de la única chica del grupo: Beverly, quien es abusada y violentada por su propio padre. La relación con su cuerpo e identidad como joven mujer es tremendamente tormentosa debido a esto pero también a que el resto de los chicos la acusan de prostituta. Este personaje es uno de los más complejos e interesantes de la novela, puesto que por un lado encuentra fortaleza para unirse a los perdedores y ser el elemento de cohesión entre ellos; pero cuando la encontramos como adulta en la segunda parte de la novela, la vemos casada con un hombre abusador, presa en el laberinto de su propia historia.

El resto de los personajes representan otros de los peores vicios de la sociedad norteamericana. La discriminación racial es ejercida contra Mike, en un momento en que los derechos civiles para la gente de color no se ha consolidado como un triunfo; Stanley, al ser judío, también es segregado; Ben es brutalmente bulleado por Harry por el hecho de tener sobrepeso, y Bill es motivo de burla por su condición de tartamudo. Todos los niños del Club de los Perdedores viven en una espiral de violencia, en un entorno donde los adultos parecen indiferentes a las precarias condiciones en que crecen y lidian con sus emociones. Cada uno vive en una profunda soledad; de ahí que cuando se conocen y forman su grupo, la esperanza al fin les sonríe, pues entre iguales, conforman una familia cuyos lazos son fuertes y auténticos. Esta unión es la única arma que tienen contra Pennywise y sus distintas formas, y éste, que bien lo sabe, los ataca cuando no están en grupo. Eso, es, entonces, este mal que se alimenta de los miedos que nacen de las distintas formas de violencia a que se enfrentan los personajes. La primera víctima de Eso, ya para la segunda parte de la novela, es Adrian Mellon, un joven homosexual. El Falcon es el club en el que la comunidad masculina gay de Derry se reúne. Adrian y su pareja caminaban por la noche, cerca del río, cuando un grupo de hombres los atacan. Adrian es la principal víctima, y tras haberlo golpeado brutalmente, lo arrojan al río. Quienes que estuvieron ahí esa noche recuerdan haber visto a un payaso en la orilla del río que jalaba por el brazo a Mellon; uno de los testigos afirmó que el payaso mordía en la axila al joven, y todos coincidían en que sus ojos brillaban como la plata bajo la luz de la luna. “(…)-¿Quién era, Don?- preguntó Harold Gardener, suavemente. –Era Derry- dijo Don Hagarty- Era esta ciudad” (King, p. 89-90)

Era Derry. El mal, Eso, Pennywise, es Derry. Es la violencia hacia los homosexuales y las pintas escondidas en los bajopuentes incitando la intolerancia; es el odio racial de Harry Bowers a Mike Hanlon y a Ben por las medidas de su cuerpo; son las voces que persiguen a Beverly por la escuela acusándola de prostituta y las caricias lascivas de su padre; es el crimen cometido en el Black Spot, cuando las personas de color son quemadas vivas por los defensores de la raza blanca; son los antisemitas, es el fraticida Patrick Hockstetter y la crueldad de Harry Bowers alimentada por la frustración que le provoca no poder enfrentar a su padre, y muchas más historias de violencia y de odio. Eso se alimenta de los miedos pero emerge del mal que ya existe en Derry, y que es profundamente humano. La entidad es la alegoría de las miserias de una sociedad que cría a sus hijos para la violencia y para el miedo, y los deja a merced de ambos, construyendo sobre esas verdades un plácido pueblo suburbano que aparenta erigirse en valores morales, ideales tradicionales y una armónica geografía.

En conclusión, en Eso, King creó un mito contemporáneo sobre la naturaleza inefable del mal y el profundo arraigo del ser humano hacia él. No somos simples víctimas de una entidad sobrenatural, cósmica, que nos ataca sin motivo. No es una relación sujeto-objeto, sino el planteamiento del fracaso del mito del progreso, tan en el plano de las ideas como la propia existencia de Eso fuera de la literatura o del cine. El bienestar alcanzado en las sociedades primermundistas y desarrolladas de occidente paradójicamente ha abierto la puerta de males que alienan y deshumanizan a los individuos.

Mientras el odio, la violencia y la soledad no sean contrarrestados por el amor, la solidaridad y la amistad, los horrores que Eso representa seguirán flotando en las aguas subterráneas que esconde el drenaje de nuestras aparentemente armónicas y plácidas sociedades.

 

 

Escrito por: Mtra. Lina Pulido

Fotografía por: Katya S. Ballesteros Rosales

 

Bibliografía:

King, S. (2012). Eso. México. Debolsillo.