Souvernirs del horror: una aproximación a la obra de Kubin

“El sueño es como un cuadro, pero hay que cuidarse de desmembrarlo de acuerdo a un sistema moral o psicológico para encontrarle una interpretación: es preferible permitirle al espectador que subsista en su genuina pureza simbólica porque la visión visible y creadora es más fuerte y fecunda que su prolijo análisis.” 
Alfred Kubin 
 

Sólo necesitamos suspender el movimiento de nuestro cuerpo e incrementar el de nuestra imaginación. Nos sentimos bañados por una luz lúdica e irreal para de pronto captar visiones de antiguos juegos, caminos torcidos o galerías del miedo y el terror.

Una mujer altiva sentada sobre un caballo de madera mecedora y en lo que parecen ser hombres mutilados por el furioso galope (The Lady in the horse, 1901); la tranquilidad con la que un rey de apariencia esquelética atiende las noticias de la última batalla a través de su desconfiado ejército (The Last King, 1900); la grotesca y tenebrosa  visión de un sujeto besando a un muerto (The Kiss, 1903); el gigantismo de figuras en paisajes sombríos marcados por el silencio y la neblina (the Bear, 1902; The Brood, 1902, entre otros). Estos “símbolos del crepúsculo” nos hace obviar la razón trazada por el espanto. Dibujos como extrañas esferas luminosas para las que no existe nombre pero de la cual emanan como sueños olvidados. Imágenes que parecieran capturarse continuamente para insistir un horror, un miedo o un infierno.

Seguimos fascinados y no terminamos de entender el motivo pues son tan evidentes estas imágenes simbólicas. Probablemente más extrañas que profundas. Y es por lo que aún nos preguntamos: ¿pero de dónde emana el horror? Quizás sea el momento de revelarlo.

Se llama Alfred Leopold Isidor Kubin (1877-1959), escritor e ilustrador expresionista austriaco, creador de unos de los universos visuales más originales del expresionismo, por lo espectral, simbólico, y la extraña fantasía de sus trabajos, ligadas por series temáticas. Su sensibilidad para la ilustración exploró nuevas manifestaciones visuales para las obras de Edgar Allan Poe, E. T. A. Hoffmann, Fyodor Dostoevsky y otros. Su genialidad no se limitó a las artes visuales, sino que se abismó en la literatura a través de la novela «Die Andere Seite» («El Otro Lado»; 1909). Considerada una crónica apocalíptica de atmósfera claustrofóbica y absurda; con reminiscencias de los últimos escritos de Franz Kafka. Esta novela es considerada como una de las obras maestra de la literatura fantástica alemana; así la han calificado reputados autores como Hemann Hesse, que la sitúa a medio camino  entre Meyrink, Poe, y Kafka.

Fue casi un visionario involuntario del horror provocado por el Nacionalsocialismo. Kubin tiene un dibujo que se llama Hacia lo desconocido (1901). Kubin es el Blake del siglo XX y su mirada es la más profética, todavía más que la de Kafka. En ese dibujo, masas inmensas de hombres sin rostro se encaminan hacia un gigantesco animal, mitad marino, mitad terrestre, que tiene las fauces de par en par abiertas. Leviatán o Behemot, a todos se los ha de tragar. Los rostros más cercanos al espectador, lo más lejanos al monstruo, no saben a dónde van. El pintor, desde su perspectiva, lo conoce. El resultado de ese cuadro, su segunda escena, se observa en el grabado El poder (1903), en el que el monstruo marino se reposa sobre los osarios de los devorados. Cuando esas personas sepan hacia donde se encaminan, el miedo será su sentir único.

Ilustrador fantasmagórico, escritor ocasional, descendiente de antepasados checos, amigo de Kafka, depresivo profesional y desde siempre, uno de mis artistas favoritos, Kubin permanecerá en los más oscuros y recónditos misterios abismales del corazón humano.

 

 

Escrito por: Fernando Montoya Vargas